duf9991
Poeta adicto al portal
Espero tranquilo en la noche sesgada
con aquella calma de los jóvenes fúnebres
con aquellas ansias de los púberes libidinosos
con aquel candor de los míticos témpanos
con aquel furor de las cándidas llamas
con aquel amor mío.
Amor, que ante ojos ajenos
es tan solo un suspiro, un amor
que reside tan solo en los ojos y curvas.
Amor que disfrutan las bocas ajenas
cotorreando de celos y envidia,
sabiendo que el mío es un amor real.
Y a mí, sin importar lo que digan
las impúdicas lenguas
en incontables jergas e idiomas
me encanta gritarte en el frío neblinoso:
¡Eres mía, aunque así no lo quieras!
Y así, cuan lobo aullando a su vajilla plateada
cuan mantis rezando por su presa futura
cuan grillo saltando con infinita soltura
declaro:
¡Eres mía, aunque lo nieguen los astros!
Y las estrellas celosas se repugnan
y las miradas de escépticos, como enajenados
dioses griegos se me clavan en mi soledad.
Y así entra el caballo disfrazado de Troya,
y arden las flechas venenosas
y el amor, de tu parte frígido y débil
se calla, y nadie nunca oyó de nuevo el grito ancestral:
¡Eres mía, en el candor pasional de la noche!
con aquella calma de los jóvenes fúnebres
con aquellas ansias de los púberes libidinosos
con aquel candor de los míticos témpanos
con aquel furor de las cándidas llamas
con aquel amor mío.
Amor, que ante ojos ajenos
es tan solo un suspiro, un amor
que reside tan solo en los ojos y curvas.
Amor que disfrutan las bocas ajenas
cotorreando de celos y envidia,
sabiendo que el mío es un amor real.
Y a mí, sin importar lo que digan
las impúdicas lenguas
en incontables jergas e idiomas
me encanta gritarte en el frío neblinoso:
¡Eres mía, aunque así no lo quieras!
Y así, cuan lobo aullando a su vajilla plateada
cuan mantis rezando por su presa futura
cuan grillo saltando con infinita soltura
declaro:
¡Eres mía, aunque lo nieguen los astros!
Y las estrellas celosas se repugnan
y las miradas de escépticos, como enajenados
dioses griegos se me clavan en mi soledad.
Y así entra el caballo disfrazado de Troya,
y arden las flechas venenosas
y el amor, de tu parte frígido y débil
se calla, y nadie nunca oyó de nuevo el grito ancestral:
¡Eres mía, en el candor pasional de la noche!