Cada lágrima

Marco Antonio

Poeta recién llegado

No muere el alma olvidada

entre los torcidos versos que escribía,

pues cuando mi pluma dejo de invocarte

Morfeo te devolvió a mi vida.



Ser la musa que me ahoga

fue tu desdicha en la noche,

perderte de nuevo cada mañana

el castigo más cruel que la muerte.



Acariciar el todo con la nada…



Abrazar desnudo,

tus palabras en mi boca…

… para acabar regando

con el llanto mis sabanas

al vislumbrar como siempre

el primer rayo del alba.



Anoche,

el mar echó de menos la calma.

El cielo plomizo cayó sobre mis hombros,

y mis alas, inertes,

ardieron inocentes en mis manos.

Cada canto de sirena

una lágrima en el desierto,

cada ilusión marchita

una flecha en mi cuerpo.



Seco estoy,

pues la oscuridad me empapa por dentro

cegando el tacto dormido

que se posaba en tus sueños.

Yerto mi corazón en tu puño

donde se encuentra la daga

que la razón hundió sin motivo

en mi pecho, junto a mi alma.



Mas del polvo que enhebra mi cárcel

emergió el dulce susurrar

de tu nombre en mis labios

cuando al despertar llorando

en la soledad de mi cama

descubrí lo que al ocaso olvido.



Anoche,

dibujé en el aire la suave sonrisa

que vive en tu cuerpo perenne,
tus labios de piedra caliza,

la tumba de un amor que no muere.

 
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