dimitria
Poeta recién llegado
Cadenas en el pecho
Aceitosas las muñecas,
y el viento frío.
Volaban los pensamientos,
el aire, el día.
Celosa volaba el alma,
al aire, volaba el viento frío.
Volviendo a la desdicha,
y abrigándome las pestañas.
Del funeral amargo,
cansado, contemplaba estrellas mudas;
hoy soy aquellas:
luciérnagas del oriente.
Vuela fabrica. ¡Soterrad!;
escultura caminante;
calle ligera y los galopes.
Turbios pierden el hato.
Dichosa la discreción
de envidiarnos; en mi dulzura,
que la pluma se lleve;
mis pensamientos.
¡Vuelve desdichado!
mi sangre se ha ido,
ha marchado
¿Y mi humilde morada?
Alma me digo-,
duermo, vivo.
estoy con mi espada,
y la vida disimula.
El viento vuelve,
tiempos; todo confuso.
Viene humo
hay olor. Triunfo.
Le repito a mi infancia,
estoy vivo. Soy un niño.
La audiencia me rasguña;
cojo un suspiro.
Débote una respuesta;
a mis danzas, a mi idioma.
A mi tierra.
Al aire, al viento frío que vuelve.
Mis heridas se mueven;
y parezco, poco conciente.
¡Perdí a mi Padre!
El silencio me responde:
-Esta es tu calle,
poco libre, ciega y triste;
tu alma me combate,
empiezas a perder aire-.
Aceitosas las muñecas,
y el viento frío.
Volaban los pensamientos,
el aire, el día.
Celosa volaba el alma,
al aire, volaba el viento frío.
Volviendo a la desdicha,
y abrigándome las pestañas.
Del funeral amargo,
cansado, contemplaba estrellas mudas;
hoy soy aquellas:
luciérnagas del oriente.
Vuela fabrica. ¡Soterrad!;
escultura caminante;
calle ligera y los galopes.
Turbios pierden el hato.
Dichosa la discreción
de envidiarnos; en mi dulzura,
que la pluma se lleve;
mis pensamientos.
¡Vuelve desdichado!
mi sangre se ha ido,
ha marchado
¿Y mi humilde morada?
Alma me digo-,
duermo, vivo.
estoy con mi espada,
y la vida disimula.
El viento vuelve,
tiempos; todo confuso.
Viene humo
hay olor. Triunfo.
Le repito a mi infancia,
estoy vivo. Soy un niño.
La audiencia me rasguña;
cojo un suspiro.
Débote una respuesta;
a mis danzas, a mi idioma.
A mi tierra.
Al aire, al viento frío que vuelve.
Mis heridas se mueven;
y parezco, poco conciente.
¡Perdí a mi Padre!
El silencio me responde:
-Esta es tu calle,
poco libre, ciega y triste;
tu alma me combate,
empiezas a perder aire-.
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