Mauricio Del Piano
Poeta recién llegado
El aire danza
de la mano
con el caer de la tarde.
El cielo admite bajar
al viento
que resuella que la tarde está
cayendo.
La antesala de la noche reclama nuestra parte
ese sosiego que deja ciego el rotar de lo que fluye:
daguerrotipo amarillento al violeta de la noche,
cuando cae con su encanto
al hechizo y misterio de las umbrías
ya dormidas.
Es el turno de la noche
y la luz atenúa,
todo late lento en el pulso y letanía del titilar de la tarde.
La sombra escondida tras cada silueta de los árboles;
oculta luna parapetada, husmeando a la caravana de las nubes.
Cada tarde cae con el aire, y
en el leve espacio en que cae,
ella me recoge, enlazando
la manecilla ociosa del segundero del andar,
con el fin del tiempo,
mas sólo
por un momento.
de la mano
con el caer de la tarde.
El cielo admite bajar
al viento
que resuella que la tarde está
cayendo.
La antesala de la noche reclama nuestra parte
ese sosiego que deja ciego el rotar de lo que fluye:
daguerrotipo amarillento al violeta de la noche,
cuando cae con su encanto
al hechizo y misterio de las umbrías
ya dormidas.
Es el turno de la noche
y la luz atenúa,
todo late lento en el pulso y letanía del titilar de la tarde.
La sombra escondida tras cada silueta de los árboles;
oculta luna parapetada, husmeando a la caravana de las nubes.
Cada tarde cae con el aire, y
en el leve espacio en que cae,
ella me recoge, enlazando
la manecilla ociosa del segundero del andar,
con el fin del tiempo,
mas sólo
por un momento.