Cajas en el Ático

unanonimo

Poeta recién llegado
De repente, el mundo de cabeza y la vida se revela,

Sentimientos y sensaciones olvidadas regresan llenas de impotencia,

Recuerdos de momentos similares, pero con otro nombre y otra cara,

Paradigmas que golpean pensamientos y agobian con su intensidad.


De nuevo, a bordo de una montaña rusa de euforia y tristeza,

Mientras se van acumulando los instantes de la existencia,

Donde los días y las horas pasan volando como flechas,

O pasan lentos como lava que destruye todo a su paso.


Se vive, con el anhelo constante de lo prohibido,

Conteniendo de mil maneras un ímpetu que se desborda,

Jugando con la lógica para apaciguar la irracionalidad del deseo,

Buscando desesperadamente el olvido de un rostro y de un aroma.


Sin opciones ni salidas, sin escapes ni desahogos,

Solo queda esconder en la memoria, todo aquello que es imposible,

Guardar en cajas vacías del alma, tantos besos y caricias efímeras,

Y miles de encuentros amorosos imaginarios e inverosímiles.


Se guardan, en el ático de la mente, ojos que hipnotizan y envenenan,

Lunares que gritan con voz ensordecedora y agitante,

Cabellos que cubren espacios de piel encantada,

Y labios que destruyen corazas con un solo movimiento.
 
De repente, el mundo de cabeza y la vida se revela,

Sentimientos y sensaciones olvidadas regresan llenas de impotencia,

Recuerdos de momentos similares, pero con otro nombre y otra cara,

Paradigmas que golpean pensamientos y agobian con su intensidad.


De nuevo, a bordo de una montaña rusa de euforia y tristeza,

Mientras se van acumulando los instantes de la existencia,

Donde los días y las horas pasan volando como flechas,

O pasan lentos como lava que destruye todo a su paso.


Se vive, con el anhelo constante de lo prohibido,

Conteniendo de mil maneras un ímpetu que se desborda,

Jugando con la lógica para apaciguar la irracionalidad del deseo,

Buscando desesperadamente el olvido de un rostro y de un aroma.


Sin opciones ni salidas, sin escapes ni desahogos,

Solo queda esconder en la memoria, todo aquello que es imposible,

Guardar en cajas vacías del alma, tantos besos y caricias efímeras,

Y miles de encuentros amorosos imaginarios e inverosímiles.


Se guardan, en el ático de la mente, ojos que hipnotizan y envenenan,

Lunares que gritan con voz ensordecedora y agitante,

Cabellos que cubren espacios de piel encantada,

Y labios que destruyen corazas con un solo movimiento.
Coincido, si, a veces es mejor guardar en el ático ciertos parajes.
Saludos
 

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