Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
CALLES SIN NOMBRE
Como un sueño desnudo, inocente y desnutrido, así se siente el viento,
pregunté y respondí a un tiempo en tu piel.
No me gusta la palabra carne, no me gusta sentirla en mis carnes, pensé cuando me enamoré de ti.
Quiero ser el aliento que reciclas, el contenedor de vidrio al que arrojas un frasco de perfume.
Pero la vida me ha enseñado a esto, a tumba abierta tuve que decidir si amarte o morirme.
Las cosas no me van tan mal, ahí arriba debe hacer un frío de mil demonios, y en el infierno, lo mismo.
Habité tantas formas de ti, que estoy hablando con el retrete para cagar despacio, y sentir entre mis nalgas, la solidez, calidez, desvergüenza.
Dice mi madre, con razón, que a todo le saco jugo.
Voy a probar contigo, me dije cuando se acabó la magia.
Porque quién sabe si era un truco.
Quién.
Ni yo tengo chistera, ni me esposaste a la cama.
Pero aprendí de ti técnicas de escapismo.
Solo tengo estos versos onomatopéyicos.
¡Ay, uy, ay, uy, ay!
Cómo duele estamparse, debe pensar el lacre.
No sé si soy humilde o gilipollas, pero el caso es que quisiera ser…
Un abrazo.
O tal vez un exagerado.
O tal vez, un tal vez
de tus labios.
Como un sueño desnudo, inocente y desnutrido, así se siente el viento,
pregunté y respondí a un tiempo en tu piel.
No me gusta la palabra carne, no me gusta sentirla en mis carnes, pensé cuando me enamoré de ti.
Quiero ser el aliento que reciclas, el contenedor de vidrio al que arrojas un frasco de perfume.
Pero la vida me ha enseñado a esto, a tumba abierta tuve que decidir si amarte o morirme.
Las cosas no me van tan mal, ahí arriba debe hacer un frío de mil demonios, y en el infierno, lo mismo.
Habité tantas formas de ti, que estoy hablando con el retrete para cagar despacio, y sentir entre mis nalgas, la solidez, calidez, desvergüenza.
Dice mi madre, con razón, que a todo le saco jugo.
Voy a probar contigo, me dije cuando se acabó la magia.
Porque quién sabe si era un truco.
Quién.
Ni yo tengo chistera, ni me esposaste a la cama.
Pero aprendí de ti técnicas de escapismo.
Solo tengo estos versos onomatopéyicos.
¡Ay, uy, ay, uy, ay!
Cómo duele estamparse, debe pensar el lacre.
No sé si soy humilde o gilipollas, pero el caso es que quisiera ser…
Un abrazo.
O tal vez un exagerado.
O tal vez, un tal vez
de tus labios.