Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cambio mi corazón,
por un día de mayo caminando descalzo
bajo la llovizna en una playa cercana,
sintiendo el abrazo de la brisa fría,
que se desliza suave por mi rostro,
sin hacer daño en cada roce.
Permuto mi corazón,
por pétalos ansiosos,
que se han de regar en las sábanas
y que el abrigo de su suavidad
dejen carmesí mi piel
para confluir con mi sangre
haciéndolo uno y no duela en la partida.
Canjeo mi corazón,
por sólo pequeños pálpitos
que se han de venir con el sueño,
cuando la noche se esconda tras mi cortina,
y el sur del día se haga brillante,
para que deje llegar el latir,
de abandonados momentos,
que se vinieron con el alba.
Negocio mi corazón,
haber si de él saco algunos mendrugos
que se han de quedar en mi vientre,
para que sientan el sabor de cada labio,
que desee morderlo sin dejar la huella,
de unos dientes enterrados sin remedio a salir.
Cambio mi corazón,
pero mi alma se queda aquí,
para recordarlo que alguna vez gozó,
con la llovizna fría de la brisa,
con la suavidad de pétalos en la piel,
con un día al sur detrás de la ventana,
con el placer de labios cautivantes en el vientre,
para ver si se olvidan y también me lo quedo...
por un día de mayo caminando descalzo
bajo la llovizna en una playa cercana,
sintiendo el abrazo de la brisa fría,
que se desliza suave por mi rostro,
sin hacer daño en cada roce.
Permuto mi corazón,
por pétalos ansiosos,
que se han de regar en las sábanas
y que el abrigo de su suavidad
dejen carmesí mi piel
para confluir con mi sangre
haciéndolo uno y no duela en la partida.
Canjeo mi corazón,
por sólo pequeños pálpitos
que se han de venir con el sueño,
cuando la noche se esconda tras mi cortina,
y el sur del día se haga brillante,
para que deje llegar el latir,
de abandonados momentos,
que se vinieron con el alba.
Negocio mi corazón,
haber si de él saco algunos mendrugos
que se han de quedar en mi vientre,
para que sientan el sabor de cada labio,
que desee morderlo sin dejar la huella,
de unos dientes enterrados sin remedio a salir.
Cambio mi corazón,
pero mi alma se queda aquí,
para recordarlo que alguna vez gozó,
con la llovizna fría de la brisa,
con la suavidad de pétalos en la piel,
con un día al sur detrás de la ventana,
con el placer de labios cautivantes en el vientre,
para ver si se olvidan y también me lo quedo...