Cambió mi suerte aquella madrugada
de agosto y de conciencia.
Yo ya te presentía desde mayo
mientras crecía un árbol en la sombra,
mientras me acariciaba
la sumisión de los cabellos
un poco más la espalda, recordándome
la escasez de un aliento confidente.
El viento era mi cómplice, o al menos,
en el deposité la confianza
de moverme las células difuntas
del cabello y la sangre.
Le confesé la claridad umbrosa
de mi cuello, la súplica salvaje
de todo el recorrido
que los enamorados con la lengua
levantan del reverso de la noche.
Yo ya te presentía, y avanzaba
el calendario sin mirar atrás.
Tan sólo yo me detenía a veces
en cualquier pasadizo de los ojos
que me llevaba a otros horizontes
donde el mirar y la mirada estaban
sujetos en los ángulos del aire
y ambos movíamos la misma ráfaga.
de agosto y de conciencia.
Yo ya te presentía desde mayo
mientras crecía un árbol en la sombra,
mientras me acariciaba
la sumisión de los cabellos
un poco más la espalda, recordándome
la escasez de un aliento confidente.
El viento era mi cómplice, o al menos,
en el deposité la confianza
de moverme las células difuntas
del cabello y la sangre.
Le confesé la claridad umbrosa
de mi cuello, la súplica salvaje
de todo el recorrido
que los enamorados con la lengua
levantan del reverso de la noche.
Yo ya te presentía, y avanzaba
el calendario sin mirar atrás.
Tan sólo yo me detenía a veces
en cualquier pasadizo de los ojos
que me llevaba a otros horizontes
donde el mirar y la mirada estaban
sujetos en los ángulos del aire
y ambos movíamos la misma ráfaga.