El hombre del porsaco
Poeta recién llegado
nos ha pillado la lluvia, menos mal que había una casa,
las ancianas muy amables, la decoración escasa.
todo el suelo está cubierto con un plástico rojizo,
cuatro sillas, una mesa y en las ventanas cañizo.
en el pasillo una cuna, debe de tener cien años,
se balancea ella sola, el polvo no ha visto paño.
un teléfono si habrá pues los nuestros no funcionan
pero ha sido preguntarles y las dos se descojonan.
de pronto dicen muy serias que el teléfono es pecado,
que Jesús nos está viendo y a un ángel ya habrá enviado.
pues como no se de prisa y nos llegue tarde el vuelo
vamos a ser los que manchen el plástico cubresuelo.
se oye un motor a lo lejos, parece una camioneta,
las dos ancianas se asoman, saludan desde la puerta.
es Angel, el carnicero, un sobrino de las locas,
dice que nos acompaña mientras no abramos la boca.
montamos en el remolque, no vemos la carretera,
si las viejas daban miedo el sobrino da dentera,
todo el trayecto habla solo, de pronto ríe de pronto llora,
a ver quien va y le pregunta que han pasado ya dos horas.
de pronto frena y nos grita:"¡caminad hacia Jesús!...
es aquel de la parada, el chófer del autobús".
pues mucho lo agradecemos pero ya es casi de día,
andaremos, ya no llueve, que no estamos pa'Mesias.
las ancianas muy amables, la decoración escasa.
todo el suelo está cubierto con un plástico rojizo,
cuatro sillas, una mesa y en las ventanas cañizo.
en el pasillo una cuna, debe de tener cien años,
se balancea ella sola, el polvo no ha visto paño.
un teléfono si habrá pues los nuestros no funcionan
pero ha sido preguntarles y las dos se descojonan.
de pronto dicen muy serias que el teléfono es pecado,
que Jesús nos está viendo y a un ángel ya habrá enviado.
pues como no se de prisa y nos llegue tarde el vuelo
vamos a ser los que manchen el plástico cubresuelo.
se oye un motor a lo lejos, parece una camioneta,
las dos ancianas se asoman, saludan desde la puerta.
es Angel, el carnicero, un sobrino de las locas,
dice que nos acompaña mientras no abramos la boca.
montamos en el remolque, no vemos la carretera,
si las viejas daban miedo el sobrino da dentera,
todo el trayecto habla solo, de pronto ríe de pronto llora,
a ver quien va y le pregunta que han pasado ya dos horas.
de pronto frena y nos grita:"¡caminad hacia Jesús!...
es aquel de la parada, el chófer del autobús".
pues mucho lo agradecemos pero ya es casi de día,
andaremos, ya no llueve, que no estamos pa'Mesias.