eenciso
Poeta fiel al portal
Las campanas doblan,
se encorvan, e inclinan la medianoche,
su canto es una bandada de palomas,
viajan por la timidez de un cielo oscuro
sin aleteo ni chillidos,
como remolinos del eco
atraviesan el marco cerrado de la ventana
que nos ha visto despiertos;
entre los codos del crepúsculo,
mis sueños vuelan como pañuelos
son paisajes encendidos donde juntos
nos precipitamos sobre las hojas, las flores;
en cada puesta por encima de la hierba
oigo el tañido y corremos cuesta abajo
pegados, juntos de la mano
fugitivos sin penas ni dolores;
el silencio se tritura entre alientos,
la almohada que sobra
vigila el techo de la habitación
mientras nuestros corazones se dilatan
como el calor del universo;
en un brazo descansa tu sien
envuelta en el desorden alambrado
de tus cabellos,
el otro abraza celoso tu rostro,
tus pies tocan los míos como peldaños,
tal vez estés jugando dormida,
o huyes de la finita espera
entre campanadas…
se encorvan, e inclinan la medianoche,
su canto es una bandada de palomas,
viajan por la timidez de un cielo oscuro
sin aleteo ni chillidos,
como remolinos del eco
atraviesan el marco cerrado de la ventana
que nos ha visto despiertos;
entre los codos del crepúsculo,
mis sueños vuelan como pañuelos
son paisajes encendidos donde juntos
nos precipitamos sobre las hojas, las flores;
en cada puesta por encima de la hierba
oigo el tañido y corremos cuesta abajo
pegados, juntos de la mano
fugitivos sin penas ni dolores;
el silencio se tritura entre alientos,
la almohada que sobra
vigila el techo de la habitación
mientras nuestros corazones se dilatan
como el calor del universo;
en un brazo descansa tu sien
envuelta en el desorden alambrado
de tus cabellos,
el otro abraza celoso tu rostro,
tus pies tocan los míos como peldaños,
tal vez estés jugando dormida,
o huyes de la finita espera
entre campanadas…
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