Los espejos multiplican al infinito
las alas de los vencejos que no escatiman sus vuelos
en su vano intento
de cruzar las avenidas tumultuosas
la dehesa
la innúmera dehesa
ofrece al paseante su polícroma colección de bolsos de señora
y otros atuendos viriles para esquimales
Es la dehesa
-la innúmera dehesa-
con sus tañidos amortiguados por la caída de la tarde
afortunadamente esta caída no ha tenido consecuencias lamentables
pero un tímido jabalí
se ha ahuyentado por los pedregosos vericuetos que definen la noche
Los rojos amalgamados sobre el horizonte
reclaman su ración de “rouge à lévres”
ante la próxima aparición de la vedette
los caballos piafan entusiasmados
pero temen la aparición del tigre emboquillado y cabizbajo
Resuenan los claxons ante la pasividad de las gentes del claqué
la dehesa
-la tumultuaria dehesa-
en la que grillos y amapolas entablan feroces contiendas
que impiden a los padres de familia
consumar las excursiones y consumir los tedios
que la lectura de las obras completas le producen
Alguien trata de soñar
pero el graznido de los cuervos
y los chirriantes lamentos de los grillos que por ellos son devorados
se lo impiden
(no se me permite continuar durante la lectura de vísperas
he de esperar la llegada de los rinocerontes cautivos para reanudar mi discurso
ellos lo asumen como un acto de humildad.)
Última edición: