Y cual virtudes erigidas entre ébanos y musgos…
y como horizontes por nuestra piel,
y campanadas por las espumas del mar;
respiración cual extensas llanuras,
y una férrea voluntad de astados vueltos hacia adentro…
y los cipreses que dibujan los cielos…
y como una atmósfera amigable en una exuberante plaza de la ciudad,
y larguísimos ferrocarriles que surcaban por nuestros ensueños…
como seguridad al vuelo;
como los orondos sapos y las chispeantes ranas,
por los santos cañaverales.