El Arethra
Poeta recién llegado
Humilla los cielos poseída en ti, la muerte viene.
Alma de uñas rojas que consume las palabras.
Epicentro de la herida, dejando huecos a los lados
por donde entramos como una procesión.
Arrastras huestes de famélicos en ti, ofrenda viva.
Tu nombre; hoja de acero aceitado,
relámpago que dobla el aire en partes iguales.
A veces, eres el fantasma que me hiciste devorar,
un ser de trapo y alambre que pronuncia un canto
donde lo que fuimos lentamente recobra su memoria.
Sobre la hierba húmeda se tiende la noche.
Las niñas ahogadas se arrastran por el lecho,
y tristemente descubrimos que nada brilla salvo las estrellas.
Te vales de las sombras para hundir los corazones.
Tu mantienes el rugido de la sangre, un arrecife cruel
donde se astillan los cuerpos inocentes.
De rodillas la carne se ha postrado
con el miedo encadenado a tus pies,
como un esclavo a las piedras,
como un beso helado, los vestigios del deseo:
son perros negros que sonríen a las tumbas.
Humilla los cielos y la tierra, poseída del fuego.
La muerte viene en ti
como un puño apretado en el pecho de los vivos.
Alma de uñas rojas que consume las palabras.
Epicentro de la herida, dejando huecos a los lados
por donde entramos como una procesión.
Arrastras huestes de famélicos en ti, ofrenda viva.
Tu nombre; hoja de acero aceitado,
relámpago que dobla el aire en partes iguales.
A veces, eres el fantasma que me hiciste devorar,
un ser de trapo y alambre que pronuncia un canto
donde lo que fuimos lentamente recobra su memoria.
Sobre la hierba húmeda se tiende la noche.
Las niñas ahogadas se arrastran por el lecho,
y tristemente descubrimos que nada brilla salvo las estrellas.
Te vales de las sombras para hundir los corazones.
Tu mantienes el rugido de la sangre, un arrecife cruel
donde se astillan los cuerpos inocentes.
De rodillas la carne se ha postrado
con el miedo encadenado a tus pies,
como un esclavo a las piedras,
como un beso helado, los vestigios del deseo:
son perros negros que sonríen a las tumbas.
Humilla los cielos y la tierra, poseída del fuego.
La muerte viene en ti
como un puño apretado en el pecho de los vivos.