elquecomienza
Poeta fiel al portal
Tu presencia llenó la noche
cuando apenas musité,
herido por tu ausencia.
Bajé tu pendiente suavemente,
asomándome a la tibieza
de tus formas queridas
y que conocí en la tragedia feliz
de tus labios.
Olor de tu mar envolvíame,
dejándome arrastrar
por la geografía de tus ojos.
La luz que nació junto
al arrollo de tu nombre,
me permitían felices y extrañas
visiones de inquietos amante;
convertìendo la felicidad
en instantes, junto a los eternos
quiebres de tus formas;
formas que por momentos
ajenas parecían,
pero que de pronto llegaban
en fuertes ondulaciones;
y era otra vez propiedad tuya,
sólo un desesperado ser humano
vindicando tus manos,
recogiendo la malignidad del justo
y la inocencia del pecador
en una sólida y única forma.
Cómo celebraba el recogimiento de tu talle,
el regocijo de tus celebraciones
en la arbolada;
el rincón del misterio,
donde nace el punto exacto,
en la caída bella del rocíos en tus manos.
Ya nada me importaba.
Esclavo tuyo
en los extramuros
de tus largas agonías,
junto al olor de tus
fragancias,
en el recuerdo marmóreo
de tu frente
cuando apenas musité,
herido por tu ausencia.
Bajé tu pendiente suavemente,
asomándome a la tibieza
de tus formas queridas
y que conocí en la tragedia feliz
de tus labios.
Olor de tu mar envolvíame,
dejándome arrastrar
por la geografía de tus ojos.
La luz que nació junto
al arrollo de tu nombre,
me permitían felices y extrañas
visiones de inquietos amante;
convertìendo la felicidad
en instantes, junto a los eternos
quiebres de tus formas;
formas que por momentos
ajenas parecían,
pero que de pronto llegaban
en fuertes ondulaciones;
y era otra vez propiedad tuya,
sólo un desesperado ser humano
vindicando tus manos,
recogiendo la malignidad del justo
y la inocencia del pecador
en una sólida y única forma.
Cómo celebraba el recogimiento de tu talle,
el regocijo de tus celebraciones
en la arbolada;
el rincón del misterio,
donde nace el punto exacto,
en la caída bella del rocíos en tus manos.
Ya nada me importaba.
Esclavo tuyo
en los extramuros
de tus largas agonías,
junto al olor de tus
fragancias,
en el recuerdo marmóreo
de tu frente
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