corin
Poeta asiduo al portal
El ancho torso del labriego, sube y baja
al esfuerzo de sus pulmones, viejos fuelles
vencidos por el tiempo.
Al trabajar la tierra húmeda, marca el ritmo
con monótono vaivén. Ingresando oxígeno,
regalándole vida, aire recorriendo los
internos recovecos del hombre, aminorando el trabajoso
jadear producido por el esfuerzo.
L a sudorosa gota recorre su sucia frente, uniéndose
al fango pestilente de la tierra, donde canta un gusano verde.
Siendo el delicioso almuerzo del ave pasajera.
Sus piernas plantadas, enraizadas a la tierra, que lo
atan a ella en quejumbrosa y dolorosa actitud.
Un par de desastrosas ojotas cubren sus cansados pies
que más lo hunden en la indefensión de este mundo desigual.
Marcado por el materialismo sin par, dejando
tantos desvalidos y desprotegidos a la vera del camino.
al esfuerzo de sus pulmones, viejos fuelles
vencidos por el tiempo.
Al trabajar la tierra húmeda, marca el ritmo
con monótono vaivén. Ingresando oxígeno,
regalándole vida, aire recorriendo los
internos recovecos del hombre, aminorando el trabajoso
jadear producido por el esfuerzo.
L a sudorosa gota recorre su sucia frente, uniéndose
al fango pestilente de la tierra, donde canta un gusano verde.
Siendo el delicioso almuerzo del ave pasajera.
Sus piernas plantadas, enraizadas a la tierra, que lo
atan a ella en quejumbrosa y dolorosa actitud.
Un par de desastrosas ojotas cubren sus cansados pies
que más lo hunden en la indefensión de este mundo desigual.
Marcado por el materialismo sin par, dejando
tantos desvalidos y desprotegidos a la vera del camino.