Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Otear el viento para buscar aromas...
Devorar las siluetas que lo confunden todo.
Acudir a las horas...,
las mismas horas
-refugio de rutinas-
como si fueran olas de silenciosas playas;
aguardar al otoño y esperar que se vaya,
escribir un poema...
imaginar tu cara.
Decirte por ejemplo:
que, mientras tanto callas...
lastiman los otoños
con sus marchitas alas.
Otear el viento...
mirar la luna con sus plateadas alas
y el nido de luceros
que el universo guarda.
Las luces de los cielos lastiman la mirada:
los pasos se han perdido,
la luz de su mirada,
el pelo recogido
y la boca callada.
Hasta el dolor se ha ido
dejándome en la nada,
con un pecho tan mudo,
como si naufragara...
Mi rostro muerto y frío
parece se cuarteara
bebiéndose otro otoño
como el que te llevara.
Devorar las siluetas que lo confunden todo.
Acudir a las horas...,
las mismas horas
-refugio de rutinas-
como si fueran olas de silenciosas playas;
aguardar al otoño y esperar que se vaya,
escribir un poema...
imaginar tu cara.
Decirte por ejemplo:
que, mientras tanto callas...
lastiman los otoños
con sus marchitas alas.
Otear el viento...
mirar la luna con sus plateadas alas
y el nido de luceros
que el universo guarda.
Las luces de los cielos lastiman la mirada:
los pasos se han perdido,
la luz de su mirada,
el pelo recogido
y la boca callada.
Hasta el dolor se ha ido
dejándome en la nada,
con un pecho tan mudo,
como si naufragara...
Mi rostro muerto y frío
parece se cuarteara
bebiéndose otro otoño
como el que te llevara.
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