CARACOL CON MALETA
En la recóndita avenida que lleva a ninguna parte
nadie se asombró al ver un caracol renqueante
que arrastraba dócilmente una maleta de cartón.
Parecía un viajante espiraloide y extenuado
que al final de su camino arrastrase su presente y su pasado.
La impersonal maleta, de cartón con cantoneras
¿Qué secretos contenía? ¿Son recuerdos o proyectos?
¿Son amaneceres rotos o días sin provecho alguno?
En todo caso parecen pesados como una vida vacía.
Surgen diedros y los ángulos se hacen agudos
como corazones afilados por el desgaste de amar
la maleta del caracol quiere ser protagonista
y pide un corazón prestado para seguir su camino
Establecido y aceptado el principio de la reflexión física
el caracol busca tras el espejo el hombre al que suplanta
pero encuentra sólo vacío y viejos tickets de apuestas
Tal vez en el mar tal vez en el mar tal vez en el mar.
Nadie repara en el cansino caminar del caracol
nadie percibe su trágico sinsentido de animal agobiado
la calle trepida y en los jardines sin fronda
otros caracoles desprovistos de maletas juegan con niños de plástico
En el telar que elabora los fractálicos caminos de los hombres
el caracol fue un intruso orgulloso de su flamante espiral
pero las geometrías deben de ser rigurosas
para cumplir sus mandatos y disfrutar de sus noches
Las farolas gotean lágrimas de cartón-piedra
y las auras que la niebla produce en sus luminarias
son coronas de mártir desprovistas de cabezas
La ciudad se despereza para acoger nuevos amantes
En cadencias armoniosas los pasos se encuentran con sus ecos
y las sombras ah las sombras siguen a los vacíos
en los que antes hubo hombres
Se diluyen en cárdenas madrugadas las moratorias
concedidas por los jueces a los condenados a muerte
y los viejos generales convocan a las hetairas
del ejército derrotado
Alguien que mueve las fichas localiza dos alfiles enamorados
que a la sombra de los crepúsculos vacuos
juegan a ser torres en un futuro lejano
es el amor permanente que se ampara en el vítreo campanilleo
de quienes bailan el tango
Y en el telar que elabora los fractálicos destinos de los hombres
un pequeño ser orgulloso de su flamante espiral
dictamina la llegada de un nuevo cambio de horarios
y con lágrimas en sus antenas
entrega su vieja maleta al hombre que se la pide.
Ilustración: “Golconda”. René Magritte. 1953
En la recóndita avenida que lleva a ninguna parte
nadie se asombró al ver un caracol renqueante
que arrastraba dócilmente una maleta de cartón.
Parecía un viajante espiraloide y extenuado
que al final de su camino arrastrase su presente y su pasado.
La impersonal maleta, de cartón con cantoneras
¿Qué secretos contenía? ¿Son recuerdos o proyectos?
¿Son amaneceres rotos o días sin provecho alguno?
En todo caso parecen pesados como una vida vacía.
Surgen diedros y los ángulos se hacen agudos
como corazones afilados por el desgaste de amar
la maleta del caracol quiere ser protagonista
y pide un corazón prestado para seguir su camino
Establecido y aceptado el principio de la reflexión física
el caracol busca tras el espejo el hombre al que suplanta
pero encuentra sólo vacío y viejos tickets de apuestas
Tal vez en el mar tal vez en el mar tal vez en el mar.
Nadie repara en el cansino caminar del caracol
nadie percibe su trágico sinsentido de animal agobiado
la calle trepida y en los jardines sin fronda
otros caracoles desprovistos de maletas juegan con niños de plástico
En el telar que elabora los fractálicos caminos de los hombres
el caracol fue un intruso orgulloso de su flamante espiral
pero las geometrías deben de ser rigurosas
para cumplir sus mandatos y disfrutar de sus noches
Las farolas gotean lágrimas de cartón-piedra
y las auras que la niebla produce en sus luminarias
son coronas de mártir desprovistas de cabezas
La ciudad se despereza para acoger nuevos amantes
En cadencias armoniosas los pasos se encuentran con sus ecos
y las sombras ah las sombras siguen a los vacíos
en los que antes hubo hombres
Se diluyen en cárdenas madrugadas las moratorias
concedidas por los jueces a los condenados a muerte
y los viejos generales convocan a las hetairas
del ejército derrotado
Alguien que mueve las fichas localiza dos alfiles enamorados
que a la sombra de los crepúsculos vacuos
juegan a ser torres en un futuro lejano
es el amor permanente que se ampara en el vítreo campanilleo
de quienes bailan el tango
Y en el telar que elabora los fractálicos destinos de los hombres
un pequeño ser orgulloso de su flamante espiral
dictamina la llegada de un nuevo cambio de horarios
y con lágrimas en sus antenas
entrega su vieja maleta al hombre que se la pide.
Ilustración: “Golconda”. René Magritte. 1953
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