Troto
Pablo Romero Parada
No eres todas las noches cálidas del cielo acariciándome la piel,
ni tampoco aquella mujer gigante que trato de admirar aquí abajo.
No eres la lágrima de las sombra ni tampoco la nada haciéndose algo.
Tu mirada no se morirá por estos ojos, ni mis brazos temblarán, ni sentiré tampoco dolores punzantes en la tripa, ni miedo por tu estancia.
No eres ninguna otra cosa más que tú siendo tú. Ni tan libre, ni tan sola.
Amo tu pelo pero amo también echar la siesta oliéndolo o darme la vuelta si comienza a metérseme en los ojos.
Amo tu ausencia y echarte de menos también, porque es como si me besases a distancia; pero amo quedarme solo sin afán de besarte, y sería estupendo que en esos momentos estuviéramos bien.
ni tampoco aquella mujer gigante que trato de admirar aquí abajo.
No eres la lágrima de las sombra ni tampoco la nada haciéndose algo.
Tu mirada no se morirá por estos ojos, ni mis brazos temblarán, ni sentiré tampoco dolores punzantes en la tripa, ni miedo por tu estancia.
No eres ninguna otra cosa más que tú siendo tú. Ni tan libre, ni tan sola.
Amo tu pelo pero amo también echar la siesta oliéndolo o darme la vuelta si comienza a metérseme en los ojos.
Amo tu ausencia y echarte de menos también, porque es como si me besases a distancia; pero amo quedarme solo sin afán de besarte, y sería estupendo que en esos momentos estuviéramos bien.
Última edición: