Caramelo

José Cornejo Valadez

Poeta recién llegado
De sol y gente rebosa el ruedo,
ya la cuadrilla camina quedo
luciendo toda su plata y oro
y el escarlata de su percal...
La reja se abre, penetra el toro
a su destino, siempre fatal.

La turba aplaude al sereno diestro
que al coso sale y cita al astado
con un soberbio paso maestro;
y el noble bruto, inmovilizado
mira a las gradas, donde al abrigo
del sol radiante,
está el infante
que ha sido siempre su único amigo.

Pero en la sangre circula fuego
y hace el coraje y la valentía
que un rojo manto le deje ciego
y se abalanza con gallardía.
¡Brota el estruendo en la gradería
ebria de sangre, corriendo a mares
por sus ijares,
y al diestro aplauden su maestría!

Del toro siempre exigen nobleza,
no les importa su sufrimiento,
fuerza, bravura, temple, belleza;
quieren que embista con más fiereza
así se alargue su cruel tormento...
El niño llora, la bestia brama,
la gente aúlla, el torero grita
y con su rojo percal incita
a quien su innato valor derrama.

Al fin se cansa de andar siguiendo
el rojo trapo, y al niño mira;
en las mejillas le ve corriendo
un río de llanto. La tarde expira
ya y tiene el cielo
color de sangre como en el suelo
que cae del lomo donde borbota,
y en ese sitio, como cuchillas
un hombre clava unas banderillas...

La noble bestia de rabia explota,
los belfos gimen, más sangre brota
cayendo a chorros sobre la arena,
y del dolor casi enloquecido
de nuevo embiste a quien va vestido
todo de escamas como sirena...
-o0o-
En una hacienda de la comarca,
hace ya tiempo, junto a una charca
en una noche de cruel tormenta,
donde los rayos enceguecían
y continuadamente caían
en una forma dura y violenta,
nació; la madre cayó del cerro
donde pariera, al temor sumisa,
débil y torpe por primeriza
cayó rodando, y así el becerro
solo y perdido en la noche oscura,
de miedo y frío titiritaba,
porque la madre lo abandonada
ante una vida muy insegura.

Con sumo esfuerzo dio sus primeros
pasos sin ver donde iba pisando,
su buena suerte lo fue acercando
hacia una choza que en los linderos
del bosque estaba;
la luz sombría
que despedía
rompía la niebla que lo abrazaba.

A sus mugidos de miedo, un niño
salió y en un efusivo abrazo
cubrió su cara con el regazo
y supo entonces lo que es cariño.
La leche tibia lamió de un cubo,
y a los cuidados de aquel chicuelo
muy pronto fuerte el torillo estuvo,
lleno de noble vigor y celo.

Pero el muchacho no era su amo
y de la hacienda, el patrón, un día
llegó a la choza donde vivía
con la justicia de su reclamo;
el toro brama, el niño llora,
el dueño calla y atado a un lazo
lleva al becerro sin hacer caso
de aquel que gime y aquel que implora...

Y era valiente el torillo aquel
de pecho grande y mirada fiel,
porque dos veces salió indultado
por su bravura y por su nobleza;
nadie, jamás, por su gran fiereza
su lomo hirsuto le ha acariciado.

Y, sin embargo, cuando regresa
de gloria lleno por la contienda
y se ve libre en la gran hacienda,
corre veloz hasta aquel riachuelo
limpio, escondido en el bosque espeso
y humildemente recibe un beso
y un tierno abrazo del rapazuelo.

Y aunque increíble parezca, el mozo
monta en el lomo de Caramelo
y le acaricia el testuz sedoso...
-o0o-
Un empresario vio el gran negocio
y al hacendado ofreció ser socio
para montar bajo de una tienda
un espectáculo nunca antes visto;
debía enfrentar en mortal contienda
al bravo toro, y se había previsto
a dos rivales: un tigre, un león.
Se hizo el anuncio con tal revuelo
que antes del duelo
era ya un éxito la función...

El espectáculo fue denigrante:
tres inocentes bestias salvajes,
nobles, bravías; en la gigante
jaula de acero fueron metidas;
no habría rendidos ni vasallajes,
era matar por salvar sus vidas.

Dos con las garras y los colmillos,
uno con cuernos como cuchillos;
la lucha larga fue, y muy sangrienta,
brutal e hipnótica; cuando acabó
-la jaula roja, la arena cruenta-
sólo uno de ellos de pie quedó...
-o0o-
Pero la gloria
nadie recuerda, sólo la historia;
y hoy en el ruedo, sin compasión,
cayó en la arena ya ensangrentada
con una absurda y filosa espada
atravesándole el corazón...

El niño salta la barda y corre
y besa al toro que está muriendo
y, llanto y sangre, los dos gimiendo
¡oh, que esta infamia jamás se borre!
Se miran honda y serenamente:
el niño rota la fe en la gente,
la noble bestia con gran terneza,
muriendo luego, con la cabeza
entre los brazos del inocente...
 
Bello, tanto por su rima como por ser distinto. No fue sino hasta que vi tu edad que entendí su originalidad.
Cae bien de vez en cuando la diferencia.
Ahora que tienes 59, ¿Te dedicas a la poesia?. Si no es asi, felicidades. De ser asi, ¿Quien te dijo que no eras bueno para esto?. Le haces muy bien.
Feliz día.
 

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