Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Donde nadie pudiera incriminarlos,
se distanciaron de sus mentes.
Aprendieron a distinguirse
en las paredes insomnes de la locura;
ardió en sus frentes abismales
el dolor del fuego en los bordes
de las filosas notas del quejido,
de sus palabras que fraguaron
en los soportes del encierro
para tocarse, en las llanuras febriles de los labios,
como rosas inflamadas que negaron
el aroma en la piel de los sonidos.
Pecaron con adúltero concierto de amor demente,
donde nadie levantara su condena.
Aprendieron a negarse entre los ruidos,
entre las sombras salvajes del espíritu
que se anuda a su gnosis de supervivencia,
sobre los derribos de la sangre,
en las orillas desbordadas,
en la sal de los herejes infinitos
que se adhieren a su cámara del miedo
para asirlo todo, al crisol del pensamiento
que los induce hasta el delirio.
Drena la razón sobre la luz,
el doliente que la noche implora
en la honda visión de los vacíos
que admiten los flagelos, la distancia
del corazón en la mirada espesa,
la hebra del llamado que vibra
en su cárcel de demencia.
se distanciaron de sus mentes.
Aprendieron a distinguirse
en las paredes insomnes de la locura;
ardió en sus frentes abismales
el dolor del fuego en los bordes
de las filosas notas del quejido,
de sus palabras que fraguaron
en los soportes del encierro
para tocarse, en las llanuras febriles de los labios,
como rosas inflamadas que negaron
el aroma en la piel de los sonidos.
Pecaron con adúltero concierto de amor demente,
donde nadie levantara su condena.
Aprendieron a negarse entre los ruidos,
entre las sombras salvajes del espíritu
que se anuda a su gnosis de supervivencia,
sobre los derribos de la sangre,
en las orillas desbordadas,
en la sal de los herejes infinitos
que se adhieren a su cámara del miedo
para asirlo todo, al crisol del pensamiento
que los induce hasta el delirio.
Drena la razón sobre la luz,
el doliente que la noche implora
en la honda visión de los vacíos
que admiten los flagelos, la distancia
del corazón en la mirada espesa,
la hebra del llamado que vibra
en su cárcel de demencia.
Última edición: