Felipe Guajardo Flores
Poeta recién llegado
Encerrado en paredes de musgo
Sentado en una húmeda camilla
Sin ver mas allá que mi reflejo de piedra
Con voces calladas que me reconocen
Mas yo deseo llorar sin saber hacerlo
Recuerdo el abrazo apolillado que me diste
Estoy inquieto
Como cuando faltan tres segundos para que arremeta el flash
Como cuando a un condenado a muerte le restan dos minutos del desaire
Tan solo me queda un cigarro para que comience la agonía
Es mejor apurar al deseo
Con una bengala mojada
Escucho el chirrido de una polea que no se inquieta al proyectar sufrimiento
Tan pronto preso
Tan luego ausente
Tantas risas de plástico
El consuelo imprevisto de una noche eterna
El pedestal donde dejaron mi corazón fue maltratado por gusanos
Es difícil reconciliarse con la desidia de mis años
El brillo del candado abierto me cuenta tantas cosas
Sentado en una húmeda camilla
Sin ver mas allá que mi reflejo de piedra
Con voces calladas que me reconocen
Mas yo deseo llorar sin saber hacerlo
Recuerdo el abrazo apolillado que me diste
Estoy inquieto
Como cuando faltan tres segundos para que arremeta el flash
Como cuando a un condenado a muerte le restan dos minutos del desaire
Tan solo me queda un cigarro para que comience la agonía
Es mejor apurar al deseo
Con una bengala mojada
Escucho el chirrido de una polea que no se inquieta al proyectar sufrimiento
Tan pronto preso
Tan luego ausente
Tantas risas de plástico
El consuelo imprevisto de una noche eterna
El pedestal donde dejaron mi corazón fue maltratado por gusanos
Es difícil reconciliarse con la desidia de mis años
El brillo del candado abierto me cuenta tantas cosas