danie
solo un pensamiento...
Aquí conmigo me falta el alba y su caricia,
el día matutino, susurro del céfiro que recorrió tu cuerpo,
el labio de primavera que cautivó al pimpollo y su polen,
el nacarado crepúsculo que pintó de tintes joviales la savia de la vida,
el vuelo en libertad de las golondrinas,
el verde herbaje detrás del horizonte difuso y abstraído.
Me falta el río en donde nadan mis sueños,
el abenuz fornido que sostiene mi deleznable entidad,
las campanas de un tiempo nupcial,
la boca con su humedad recorriendo la fisionomía corporal,
el oxígeno de los follajes y tus espesuras,
los rayos de sol detrás del diáfano cristal.
Me falta todo y solo tengo:
la voluntad muerta de un mar atestado de arena,
un celaje llorando en el perenne lamento,
un sigilo sombrío que asfixia al gorrión sin cielo;
ya no tengo días solo noches desoladas por tus sombras despóticas.
Solo tengo un lecho en donde me acompaña el óbito de tu rostro,
la disipación de los labios por el fango y la sal,
un gélido y predominante invierno que acecha mi terruño existencial,
una borrasca producto de la tormenta que se desató en mi pecho,
un incisivo silencio perdurable y eterno en las urnas de un tétrico osario,
un testamento que hacer y un adiós que recordar...
el día matutino, susurro del céfiro que recorrió tu cuerpo,
el labio de primavera que cautivó al pimpollo y su polen,
el nacarado crepúsculo que pintó de tintes joviales la savia de la vida,
el vuelo en libertad de las golondrinas,
el verde herbaje detrás del horizonte difuso y abstraído.
Me falta el río en donde nadan mis sueños,
el abenuz fornido que sostiene mi deleznable entidad,
las campanas de un tiempo nupcial,
la boca con su humedad recorriendo la fisionomía corporal,
el oxígeno de los follajes y tus espesuras,
los rayos de sol detrás del diáfano cristal.
Me falta todo y solo tengo:
la voluntad muerta de un mar atestado de arena,
un celaje llorando en el perenne lamento,
un sigilo sombrío que asfixia al gorrión sin cielo;
ya no tengo días solo noches desoladas por tus sombras despóticas.
Solo tengo un lecho en donde me acompaña el óbito de tu rostro,
la disipación de los labios por el fango y la sal,
un gélido y predominante invierno que acecha mi terruño existencial,
una borrasca producto de la tormenta que se desató en mi pecho,
un incisivo silencio perdurable y eterno en las urnas de un tétrico osario,
un testamento que hacer y un adiós que recordar...
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