Henry Miller
Poeta recién llegado
“L'amour est un oiseau rebelle"
Me pierdo entre las sucias piedras
de una calle sinuosa
esperando verte una vez más
¡Intemporal efigie de carnal delicia!
Estoy loco por ti,
por tu cabello ensortijado como el destino
y el ansia que late
baja tu falda inquieta,
y esos ojos
que me llevaré a la muerte.
¿Como fue que te miro Bizet
por vez primera?
¿En que sueños de niñez promiscua
y culpable pasión?
Niño loco por el guiño
de una gitanilla idílica
¿En que torre de marfil
llegó una tarde mientras el sol caía
en la habitación exigua,
La imagen dionisíaca,
el puro muslo y el seno victorioso,
bordeando el escote sin escrúpulo?
Yo también te he mirado en mis sueños de niño
y me he perdido buscándote,
sintiendo en el pecho esa ausencia,
esa nostalgia que duele.
¡Ah niña mía sin tiempo,
soy peregrino de tus hechiceros ojos!
¿Por que te fuiste una y otra vez?
¿Por que nunca pude besarte siquiera?
Y hoy como hombre,
extraño tu coraje y tu prodigiosa ciencia,
la delicada filigrana de tu ruda miel.
¡Siento ganas de llorar y de morir
frente a la estatua vieja,
en la que te vi esa vez,
inolvidable sombra!
Me pierdo entre las sucias piedras
de una calle sinuosa
esperando verte una vez más
¡Intemporal efigie de carnal delicia!
Estoy loco por ti,
por tu cabello ensortijado como el destino
y el ansia que late
baja tu falda inquieta,
y esos ojos
que me llevaré a la muerte.
¿Como fue que te miro Bizet
por vez primera?
¿En que sueños de niñez promiscua
y culpable pasión?
Niño loco por el guiño
de una gitanilla idílica
¿En que torre de marfil
llegó una tarde mientras el sol caía
en la habitación exigua,
La imagen dionisíaca,
el puro muslo y el seno victorioso,
bordeando el escote sin escrúpulo?
Yo también te he mirado en mis sueños de niño
y me he perdido buscándote,
sintiendo en el pecho esa ausencia,
esa nostalgia que duele.
¡Ah niña mía sin tiempo,
soy peregrino de tus hechiceros ojos!
¿Por que te fuiste una y otra vez?
¿Por que nunca pude besarte siquiera?
Y hoy como hombre,
extraño tu coraje y tu prodigiosa ciencia,
la delicada filigrana de tu ruda miel.
¡Siento ganas de llorar y de morir
frente a la estatua vieja,
en la que te vi esa vez,
inolvidable sombra!
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