He estado junto a ti
desde que supe que venías.
Comencé a amarte así
incluso antes de ser quien serías.
Ningún regalo puedo hacerte
que se compare al que me hiciste.
Cierro mis ojos y aún puedo verte
entre mis brazos apenas naciste.
Un sinfín de palabras,
antes sin sentido,
presentes en cada obra,
se han revelado contigo.
Son tus ojos.
Son tus manos.
La extraña forma
de tus dedos.
Es tu sonrisa.
La suave brisa.
Con qué delicia
ves la vida.
Puedo realizar variadas tareas.
Optar entre un oficto o profesión.
Y no encontrar mayor satisfacción
que descubrir en ti mi vocación.
No temo hablar de felicidad
al ser tú quien me la entrega.
Asombra con qué facilidad llega.
Te mereces eso y mucho más.
Me alegra comprobar
que de amor se puede vivir
y que nadie puede robar
lo que damos sin pedir.
Ha sido un honor
enseñarte y aprender.
Y aunque ha habido dolor,
siempre hay otro amanecer.
Recién es el comienzo
del camino a la esperanza.
Y, por más que lo pienso,
tú equilibras la balanza.