Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Las artemisas, las vestales, quedaron viviendo en nuestras matronas y en esas grandes mujeres que son el centro de nuestros hogares, pero que estamos tan cansados y ocupados, que hemos perdimos la capacidad de sentir sus desvelos y la lumbre que nos aportan con sus dulces destellos, especialmente en las largas noches de desvelo.
Cuando el sol brilla se hace invisible, lo extrañamos en aquellos días de mañanas frías,
quizás ese día tendrás el calor de unas manos Carolinas, coralinas o simplemente, te extasiarán las caricias de las ardientes olas marinas.
CAROLINA
Esa manos, esas tus manos,
tan llenas de ternura auxiliando tu abuela,
calmando el grito mudo de las toces tus manos vuelan,
eres el angelito de la guarda cuidando tus hermanos.
La más bella cosecha del fértil trigal
tu fruto es pan de queso del apetitoso, ¡caliente!
con taza de chocolate en noche en que el frio se siente,
te desplazas cuando el dolor del enfermo derrumba hospital.
Piedra preciosa que cautivas con tus mágicos destellos
enciendes tu lumbre cuando se ha perdido toda esperanza
con tus dulces cuidados y sonrisas las penas desmayan,
Caro, carito, Carlina, en ti danzan en la noche las estrellas.
Abres caudales de ríos que se desgajan en torrentes de amor
no sabes de fatiga, cansancio y dolor, cuando se trata de ayudar
quien que haya pasado por tus manos, podrá olvidar tus cuidados
cada parte de tu alma y anatomía, fue hecha para sanar el dolor.
Golondrina, que se pierde cuando empieza a lucir sus galas el otoño,
en el invierno y verano, haces hermosos ramitos para recibir la primavera
eres la flor de la canela, donde de un soplo la esencia de vida florece y prospera
tu vientre entregó su fruto a la vida, tu espiga con seda de amor abrigó el retoño.
Con ojitos cansaditos que se cierran en tierna adolescencia, las noches desvelas
la coqueta luna te regala diadema luminosa en tu cabello cuando el alba aproxima,
la bella Carolina con la misma belleza de una libra esterlina, deja caer la perla que brilla
ella no se ha dado cuenta que es la barca que rema las olas del febril dolor que se aproxima.
Flor del más exquisito hogar sembrado en la cima, donde el sol calienta el barrio popular
girasol, girando, y girando hasta darle sabor al aromatizado chocolate, justo, al caer la tarde,
las nueces, los dulces, los bizcochuelos, las diablura, las quimera, regalan canastas de encajes
bostezo balsámico sanando soledades que se encajan arrinconando la ciudad y extremidad.
Arena dorada engalanando las playas caribeñas donde juegan tranquilas las ballenas y tortugas
pelo de marta dejando su huella en el pincel de Vincent van Gogh, plasmando la flor celestial
sonido de piano atrapando el sonido de las guaduas y serruchos de Wagner, derritiendo el final
artemisa iluminando en la oscuridad las pesadillas que desvelaban los sueños de Velásquez.
Cuando el sol brilla se hace invisible, lo extrañamos en aquellos días de mañanas frías,
quizás ese día tendrás el calor de unas manos Carolinas, coralinas o simplemente, te extasiarán las caricias de las ardientes olas marinas.
CAROLINA
Esa manos, esas tus manos,
tan llenas de ternura auxiliando tu abuela,
calmando el grito mudo de las toces tus manos vuelan,
eres el angelito de la guarda cuidando tus hermanos.
La más bella cosecha del fértil trigal
tu fruto es pan de queso del apetitoso, ¡caliente!
con taza de chocolate en noche en que el frio se siente,
te desplazas cuando el dolor del enfermo derrumba hospital.
Piedra preciosa que cautivas con tus mágicos destellos
enciendes tu lumbre cuando se ha perdido toda esperanza
con tus dulces cuidados y sonrisas las penas desmayan,
Caro, carito, Carlina, en ti danzan en la noche las estrellas.
Abres caudales de ríos que se desgajan en torrentes de amor
no sabes de fatiga, cansancio y dolor, cuando se trata de ayudar
quien que haya pasado por tus manos, podrá olvidar tus cuidados
cada parte de tu alma y anatomía, fue hecha para sanar el dolor.
Golondrina, que se pierde cuando empieza a lucir sus galas el otoño,
en el invierno y verano, haces hermosos ramitos para recibir la primavera
eres la flor de la canela, donde de un soplo la esencia de vida florece y prospera
tu vientre entregó su fruto a la vida, tu espiga con seda de amor abrigó el retoño.
Con ojitos cansaditos que se cierran en tierna adolescencia, las noches desvelas
la coqueta luna te regala diadema luminosa en tu cabello cuando el alba aproxima,
la bella Carolina con la misma belleza de una libra esterlina, deja caer la perla que brilla
ella no se ha dado cuenta que es la barca que rema las olas del febril dolor que se aproxima.
Flor del más exquisito hogar sembrado en la cima, donde el sol calienta el barrio popular
girasol, girando, y girando hasta darle sabor al aromatizado chocolate, justo, al caer la tarde,
las nueces, los dulces, los bizcochuelos, las diablura, las quimera, regalan canastas de encajes
bostezo balsámico sanando soledades que se encajan arrinconando la ciudad y extremidad.
Arena dorada engalanando las playas caribeñas donde juegan tranquilas las ballenas y tortugas
pelo de marta dejando su huella en el pincel de Vincent van Gogh, plasmando la flor celestial
sonido de piano atrapando el sonido de las guaduas y serruchos de Wagner, derritiendo el final
artemisa iluminando en la oscuridad las pesadillas que desvelaban los sueños de Velásquez.