¡También en momentos desespero!
¡no eres tú quien solo padece amor mío!;
como las tuyas mis horas son interminables
y entre el padecer y el trabajo,
como basto el mundo, contengo mi llanto.
Mis anhelos conciertan sinfonías
y aunque abundan notas de tanta alegría
tal cual melodía cantan notas de agonía;
navego como tú en aguas desconocidas,
transito en sinuosos senderos
y en mis horas llenas de tanto,
mi amor se conforma con abrazar el viento.
También en momentos temo
y deseo correr sin freno,
hacer lo posible y lo imposible
hasta llegar a tu puerta y decir
sin vacilar por un momento
que sin ti perder la vida prefiero.
También sufro por este amor,
no creas que no me invaden los miedos,
no creas que no muero de celos
al pensar que alguien desee besar
esos labios que anhelo
y se robe tu mirar de ébano.
Como anhelo acabar con este tormento
sólo de la manera que quiero,
poder unir nuestras almas
también nuestros cuerpos;
acabar con todo cuanto nos separa,
y cuando al fin de mi vida
los ojos serrare, poder tu rostro
ser lo último que contemplare.
Parece ser que nuestras almas
nacieron sólo para amarse
pues de otra forma este amor
jamás habría sido,
pues vivimos en mundos desconocidos,
y aún así tu corazón y el mío
laten en alegrías y agonías
en un mismo ritmo
bajo un mismo sentido.
Sibelius