poetakabik
Poeta veterano en el portal
Perdoneme señora... excuse mi osadía,
pero desde hace tiempo... mi vida ya no és mia,
si en los ajados vidrios que cierran mi ventana,
su imagen no se marca al llegar la mañana.
¡se me hace el dia tán largo si no consigo verla!,
que los rayos de sol me parecen espinas,
y me escondo de ellos... y en las sombras mezquinas,
sangro sin que usted sepa el sufrir que me causa
no poder obsevarla, no saber si usted mira
por esa marquesina con los ojos del alma,
lo que mis ojos mirán, no saber si usted siente
el latir que yo noto... cada vez que la veo
regar sus rosas blancas, ese balcón que tiene
plagado de geránios y claveles hermosos,
los jazmines le dán el aroma que exalán
y entre las madreselvas un trozo de azahar
cargado de petunias, y alguna margarita
despunta entre la hierba que marca ese sendero,
verde cúal esperanza, abrazando a sus pies
cada vez que usted pasa, y se escucha cantar
el jilguero en su jaula, ¡Ah si pudiera ser
como el ave que canta!, prisionero de usted
en la carcel de su alma.
Pido perdón señora por no saber callarme
lo que mis ojos ven, y el corazón me canta.
pero desde hace tiempo... mi vida ya no és mia,
si en los ajados vidrios que cierran mi ventana,
su imagen no se marca al llegar la mañana.
¡se me hace el dia tán largo si no consigo verla!,
que los rayos de sol me parecen espinas,
y me escondo de ellos... y en las sombras mezquinas,
sangro sin que usted sepa el sufrir que me causa
no poder obsevarla, no saber si usted mira
por esa marquesina con los ojos del alma,
lo que mis ojos mirán, no saber si usted siente
el latir que yo noto... cada vez que la veo
regar sus rosas blancas, ese balcón que tiene
plagado de geránios y claveles hermosos,
los jazmines le dán el aroma que exalán
y entre las madreselvas un trozo de azahar
cargado de petunias, y alguna margarita
despunta entre la hierba que marca ese sendero,
verde cúal esperanza, abrazando a sus pies
cada vez que usted pasa, y se escucha cantar
el jilguero en su jaula, ¡Ah si pudiera ser
como el ave que canta!, prisionero de usted
en la carcel de su alma.
Pido perdón señora por no saber callarme
lo que mis ojos ven, y el corazón me canta.