Dan_Z
Poeta recién llegado
Espero el alba tornasol de las nubes de ensueño,
eran ellos, áridas constelaciones de extasiados universos
y amanecía... amanecía...
En mis suelos de azufre se notaban gélidos,
en la nota necrológica de alguna estrella
sabor a cielo y facies hacia el cosmos...
En las odas de las fieras tempestades,
con furor de marines desolados y amor... de sedados astros...
''Duerme... duerme, mi pequeño amor,
el níveo asteroide de los vientos
al anochecer te llevará''
Era él, carmesí suplicio del desierto,
amaba las estrellas, soñaba con los sueños de su amada.
Servíase de lunas color a fuego, diluida entre los labios
de la noche,
sentíase sus besos, nocturnos sueños... noctívagos idilios,
como efigie de los lirios, de los vientos nemorosos del estío...
''La noche es mi hospicio,
¿Me acompañarás en el paraje
de luciérnagas, golondrinas y gorriones?''
Era ella, dolor en la écumene sofista de los versos,
paliativo sortilegio de galaxias de ilusiones.
Servíase de brisas en falanges fratricidas,
llamados al ocaso, en los mustios brazos de las zarzas.
Sentíase el crepúsculo, de efímero invierno,
era el esmeralda descifrado en el azulazul de sus oníferos corceles...
''Eres del ocaso,
descansa en mis labios, mi querida,
habla a los dioses, a los astros,
a las lunas de los soles...''
¿Era yo cualquier domingo?
Yo, el ermitaño masoquista de enero,
proliferé entre sus pasos de pichones aturdidos
que escatiman en miopía, catalejo en mano,
vidalita vespertina...
''Han sido alienadas tus palabras,
vociferas en el orbe del granizo matutino...
¿Tienes tú, aún mi corazón?''
Era yo, la aureola transmutada en opalinas tempestades...
Era yo, el amor convulso de románticas proezas...
Era yo, el semblante de la luna, el cénit de sus pasos...
''Tu aliento es el óreo de las diamantinas malvas...
Mi alma está en pernuria,
ahora ve, y camina entre los astros...''
Las olas de los negros mares encriptaban
la eufonía de melancólicas tormentas,
de cristalizadas nubes que embarcaban al crepúsculo,
por las tardes reían... por las noche morían...
''Déjame ser tus lágrimas
para nacer en tus ojos,
para vivir en tus mejillas,
para morir en tus labios...''
Enrojecíase el horizonte en la tarde atómica...
Mi lecho era de hielo, mares surrealistas y recuerdos...
''A tu corazón he de viajar,
el solsticio es necrológico
y el viento nemoroso.
¡Adiós, tempestuoso mar
de ilusiones...!''
''¡Adiós, alba de los alpes,
sombra intergaláctica...
...Hoja de otoño...!''
Ella, el soplído mustio de las flores de primavera...
Él, idílico explorador de estrellas...
Dan Zalavarria
Enero, 2016
eran ellos, áridas constelaciones de extasiados universos
y amanecía... amanecía...
En mis suelos de azufre se notaban gélidos,
en la nota necrológica de alguna estrella
sabor a cielo y facies hacia el cosmos...
En las odas de las fieras tempestades,
con furor de marines desolados y amor... de sedados astros...
''Duerme... duerme, mi pequeño amor,
el níveo asteroide de los vientos
al anochecer te llevará''
Era él, carmesí suplicio del desierto,
amaba las estrellas, soñaba con los sueños de su amada.
Servíase de lunas color a fuego, diluida entre los labios
de la noche,
sentíase sus besos, nocturnos sueños... noctívagos idilios,
como efigie de los lirios, de los vientos nemorosos del estío...
''La noche es mi hospicio,
¿Me acompañarás en el paraje
de luciérnagas, golondrinas y gorriones?''
Era ella, dolor en la écumene sofista de los versos,
paliativo sortilegio de galaxias de ilusiones.
Servíase de brisas en falanges fratricidas,
llamados al ocaso, en los mustios brazos de las zarzas.
Sentíase el crepúsculo, de efímero invierno,
era el esmeralda descifrado en el azulazul de sus oníferos corceles...
''Eres del ocaso,
descansa en mis labios, mi querida,
habla a los dioses, a los astros,
a las lunas de los soles...''
¿Era yo cualquier domingo?
Yo, el ermitaño masoquista de enero,
proliferé entre sus pasos de pichones aturdidos
que escatiman en miopía, catalejo en mano,
vidalita vespertina...
''Han sido alienadas tus palabras,
vociferas en el orbe del granizo matutino...
¿Tienes tú, aún mi corazón?''
Era yo, la aureola transmutada en opalinas tempestades...
Era yo, el amor convulso de románticas proezas...
Era yo, el semblante de la luna, el cénit de sus pasos...
''Tu aliento es el óreo de las diamantinas malvas...
Mi alma está en pernuria,
ahora ve, y camina entre los astros...''
Las olas de los negros mares encriptaban
la eufonía de melancólicas tormentas,
de cristalizadas nubes que embarcaban al crepúsculo,
por las tardes reían... por las noche morían...
''Déjame ser tus lágrimas
para nacer en tus ojos,
para vivir en tus mejillas,
para morir en tus labios...''
Enrojecíase el horizonte en la tarde atómica...
Mi lecho era de hielo, mares surrealistas y recuerdos...
''A tu corazón he de viajar,
el solsticio es necrológico
y el viento nemoroso.
¡Adiós, tempestuoso mar
de ilusiones...!''
''¡Adiós, alba de los alpes,
sombra intergaláctica...
...Hoja de otoño...!''
Ella, el soplído mustio de las flores de primavera...
Él, idílico explorador de estrellas...
Dan Zalavarria
Enero, 2016
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