Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Cártamo
En el umbral que en sombra acontece
se confina toda leyenda,
que por su misma facultad
ilusión que escudriña senda,
es nidia profusión de alientos
ávidos de luz, y de tártaros desnuda.
se confina toda leyenda,
que por su misma facultad
ilusión que escudriña senda,
es nidia profusión de alientos
ávidos de luz, y de tártaros desnuda.
Amanecí un día de Septiembre
de estío otoñal; como salvado de las aguas
prolongación del parto.
Debí llorar, y entre fluidos impregnado
fui materia ocupando espacio
y tiempo, que se hizo presente
con el sonido gutural.
de estío otoñal; como salvado de las aguas
prolongación del parto.
Debí llorar, y entre fluidos impregnado
fui materia ocupando espacio
y tiempo, que se hizo presente
con el sonido gutural.
El eco ahora me persigue,
y huyo al infinito esperando
no me alcance la pureza iridiscente,
que derrumbe la experiencia consejera.
y huyo al infinito esperando
no me alcance la pureza iridiscente,
que derrumbe la experiencia consejera.
Si hay alguien llamado Orto…
Lo siento, no tengo tiempo,
ni puedo esperar toda una vida;
aunque sea un ingrato ingrávido
y no alcance mi destino, más pronto
por llegar antes…
Lo siento, no tengo tiempo,
ni puedo esperar toda una vida;
aunque sea un ingrato ingrávido
y no alcance mi destino, más pronto
por llegar antes…
Dudé no llegar antes,
pero tú vendrás conmigo;
mas, si llegare y estés…
pero tú vendrás conmigo;
mas, si llegare y estés…
Mientras… ¿qué hago?
Soñar que hubo un orto y es ocaso.
Soñar que hubo un orto y es ocaso.
Por favor señora, ¿dónde estoy?
Eso me pregunto yo muchas veces.
¿Me puede indicar la calle de Arriba?
Pues… ¡Arriba!
Si no es molestia, ¿puede decirme cómo puedo llegar?
Subiendo, señor.
Quedé perplejo por la lógica.
¿Queda muy lejos de aquí?
Depende de lo que suba.
Muchas gracias señora,
me ha sido de gran ayuda.
me ha sido de gran ayuda.
¡Oiga señor!, -dijo un muchacho con alas,
disfrazado seguramente para algún cumpleaños-
He escuchado la conversación.
Yo voy a la calle de Abajo, si me espera,
después iremos juntos.
disfrazado seguramente para algún cumpleaños-
He escuchado la conversación.
Yo voy a la calle de Abajo, si me espera,
después iremos juntos.
Lo siento, no tengo tiempo,
ni puedo esperar toda una vida.
ni puedo esperar toda una vida.
Es usted un ingrato ingrávido.
No crea que va a alcanzar su destino,
más pronto por llegar antes.
No crea que va a alcanzar su destino,
más pronto por llegar antes.
Dudé… No llegaré antes, -respondí-,
pero tú vendrás después.
pero tú vendrás después.
Cuando usted llegue, yo allí estaré,
me espere o no me espere.
me espere o no me espere.
Dudé de nuevo. Pero, y mientras… ¿qué hago?
Soñar... Me llamo Orto Isozu, señor Ocaso.
Escuché unos versos lejanos:
“Un señor con corbata
nos habla de verás
sobre el uso del mata rata,
cuando se usa con la quimera
y se vende en bote de lata.
nos habla de verás
sobre el uso del mata rata,
cuando se usa con la quimera
y se vende en bote de lata.
Un señor con corbata
que viste de pana somera
nos deja un aroma que mata
en su fiera y sombra montera”
que viste de pana somera
nos deja un aroma que mata
en su fiera y sombra montera”
Decidí esperar, y soñé… Soñé con eros,
señal inequívoca de mi expansión.
Me asfixiaba el sexo rosado,
y sentí claustrofobia
cuando aquellos labios escondieron
un glande rojo.
señal inequívoca de mi expansión.
Me asfixiaba el sexo rosado,
y sentí claustrofobia
cuando aquellos labios escondieron
un glande rojo.
Muchas gracias señora Tanako,
me ha sido de gran ayuda.
me ha sido de gran ayuda.
No hay de qué señor Sumuke,
-dijo la mujer comiendo una cortada de melón
y limpiándose la comisura de los labios-.
-dijo la mujer comiendo una cortada de melón
y limpiándose la comisura de los labios-.
Yo hice un gesto hacia los míos,
señal reflejo de un intruso pelo,
rizado, como los cabellos de la dama Boba.
señal reflejo de un intruso pelo,
rizado, como los cabellos de la dama Boba.
La calle antes vacía, ahora estaba
en el bullicio del ulular gentío.
Sentí una vergüenza inmensa.
me miraban todos la desnudez
aunque iba vestido.
en el bullicio del ulular gentío.
Sentí una vergüenza inmensa.
me miraban todos la desnudez
aunque iba vestido.
Un pene fláccido se acercó,
y me dijo “ si no me daba vergüenza”
y me dijo “ si no me daba vergüenza”
Al instante se detuvo junto a nosotros
una erección descomunal. Huyó el fláccido.
¡Estos moralistas!, -dijo el erecto-.
una erección descomunal. Huyó el fláccido.
¡Estos moralistas!, -dijo el erecto-.
Venga conmigo, que lo suyo tiene arreglo.
Me llevó a una casa de farolillos naranjas y rojos;
lugar de encuentros religiosos y festivos,
donde unas damas velaban día y noche
dando los servicios, los consuelos y oraciones
a los hombres sus ministros.
lugar de encuentros religiosos y festivos,
donde unas damas velaban día y noche
dando los servicios, los consuelos y oraciones
a los hombres sus ministros.
Abandoné aquella estancia,
y hubo mucho lloro por mi partida;
todas quisieron oscularme por última vez.
Me apiadé. Se pusieron las doce de rodillas
y me turbe rociándolas con la lluvia blanca
y celestial, que recibieron con sus bocas
como si nunca la hubieran bebido.
y hubo mucho lloro por mi partida;
todas quisieron oscularme por última vez.
Me apiadé. Se pusieron las doce de rodillas
y me turbe rociándolas con la lluvia blanca
y celestial, que recibieron con sus bocas
como si nunca la hubieran bebido.
Y sucedió el milagro.
De mi pene salieron doce
y todas tuvieron su oralción.
De mi pene salieron doce
y todas tuvieron su oralción.
Sin darme cuenta, por el año agrandado
en la medida de las doce,
el descomunal me penetró,
y subí al cielo sin esperar,
olvidando al niño que me olvidó…
en la medida de las doce,
el descomunal me penetró,
y subí al cielo sin esperar,
olvidando al niño que me olvidó…
¡Acuérdese señor Sumuke Ocaso
de la vieja Tanako!, y dé recuerdos
de mi padre Suksite al señor Isozu.
de la vieja Tanako!, y dé recuerdos
de mi padre Suksite al señor Isozu.
Cayó el silencio, vistiendo
una lluvia de sangre infértil,
espíritu derramado del óvulo
sobre las heces del mundo.
No hubo Sol, y en su lugar
hirió un rojo carmesí.
una lluvia de sangre infértil,
espíritu derramado del óvulo
sobre las heces del mundo.
No hubo Sol, y en su lugar
hirió un rojo carmesí.
©
Última edición: