Joel Perez Rios
Poeta recién llegado
Como un acróbata estuve en tí por nueve meses
cuando flotando escuchaba el latir de tu corazón,
cuando sentía que me acariciabas dentro de tu vientre
estuve en tí por nueve meses cuán galante anfitrión.
Escuché tu manso cantar en miles de ocasiones,
también sentí tus emociones trenzado a tus entrañas.
Me quedaba dormido por lo bello de tus canciones
y despertaba contigo cuando llegaba la mañana.
Querida madre, trinchera de mermelada.
Mujer con firmeza quien cumplió su cometido.
Dicen que cuando me diste a luz se sintieron campanadas
mas un gran alivio en tu espalda por haberme parido.
Me guardaste en una burbuja por tres trimestres
y de tan abrigadito que estuve, nunca quise de allí salirme,
y me dio tanto miedo ver la cara del hombre terrestre
que por donde mismo bajé, por allí mismo quise subirme.
A principios, casi todo fue incómodo y distinto para mí
porque no entendía que naciste para ser mi madre
y sólo con el pasar de los años fue que comprendí
lo que es amor y ternura, receta sublime de mis padres.
Hoy comprendo tantas cosas por tu amor diamantado
por tu apego de abeja, la que preña mi panal con rica miel.
Me has llevado a todas partes con el tibio calor de tu mano
y en la distancia sigo a tu lado, pregonándote por doquier.
Te seguiré pregonando como el oasis del sentir materno
como trinchera de mermelada, madre, amiga y bella mujer.
Te seguiré pregonando por tu corazón que es tan bueno
y gracias por el pulcro hospedaje, de tu cascarón de piel.
cuando flotando escuchaba el latir de tu corazón,
cuando sentía que me acariciabas dentro de tu vientre
estuve en tí por nueve meses cuán galante anfitrión.
Escuché tu manso cantar en miles de ocasiones,
también sentí tus emociones trenzado a tus entrañas.
Me quedaba dormido por lo bello de tus canciones
y despertaba contigo cuando llegaba la mañana.
Querida madre, trinchera de mermelada.
Mujer con firmeza quien cumplió su cometido.
Dicen que cuando me diste a luz se sintieron campanadas
mas un gran alivio en tu espalda por haberme parido.
Me guardaste en una burbuja por tres trimestres
y de tan abrigadito que estuve, nunca quise de allí salirme,
y me dio tanto miedo ver la cara del hombre terrestre
que por donde mismo bajé, por allí mismo quise subirme.
A principios, casi todo fue incómodo y distinto para mí
porque no entendía que naciste para ser mi madre
y sólo con el pasar de los años fue que comprendí
lo que es amor y ternura, receta sublime de mis padres.
Hoy comprendo tantas cosas por tu amor diamantado
por tu apego de abeja, la que preña mi panal con rica miel.
Me has llevado a todas partes con el tibio calor de tu mano
y en la distancia sigo a tu lado, pregonándote por doquier.
Te seguiré pregonando como el oasis del sentir materno
como trinchera de mermelada, madre, amiga y bella mujer.
Te seguiré pregonando por tu corazón que es tan bueno
y gracias por el pulcro hospedaje, de tu cascarón de piel.
Última edición:
