Viento de américa
Poeta adicto al portal
Desnudos,
abrazados,
dejamos
que nuestras manos
vayan donde quieran,
sin sextante o brújula.
Mientras
nuestras lenguas
juegan el mortal juego
de un inmortal beso,
sin reparar en saliva.
Y si la noche alcanza,
al separarse,
descenderán
como serpientes
a refugiarse
en el pedazo de piel
que mejor les acomode.
abrazados,
dejamos
que nuestras manos
vayan donde quieran,
sin sextante o brújula.
Mientras
nuestras lenguas
juegan el mortal juego
de un inmortal beso,
sin reparar en saliva.
Y si la noche alcanza,
al separarse,
descenderán
como serpientes
a refugiarse
en el pedazo de piel
que mejor les acomode.