Cautivo en tu recuerdo
Cautivo, si, y aunque aún no cierro mis ojos
al hundirme en el temor de las paredes,
soportando el peso de mi cuerpo,
mis propias yemas
sobre un frasco de yodo,
que vierte salvajemente
dentro de ti, mis oportunos besos.
Es que no puedo evitar,
el saltar como un borrego pálido
al menor ceño de esquile, y huir
como lo hace un puma tras la sombra
de un disparo despiadado.
Y me ensaño, con esa imagen sempiterna
con esas lágrimas lluviosas
que recorren en parsimonia,
aquella vera en mis ojos
asfaltados por algunas flores, de sínicos pétalos.
Porque hoy, que me he atrevido,
llenándote lacónicamente tus espacios
con innumerables notas, posadas sobre el ápice
de arrullos, y sentencias,
doblegado, e ingenuamente cautivado.