Nunca miramos lo que vemos
como cuando, enamorados,
del otro esperamos que sean
tal cual nosotros lo deseamos.
En la ceguedad del deseo,
cual una imagen que portamos,
descargamos en el otro
nuestras más equívocas apariencias.
Como se separa la tierra
en sísmicos movimientos,
rota la cadena del enamoramiento,
del "no eres como te creía,
pensaba, imaginaba, deseaba",
lánguidos en el vértigo del amor,
del amor sin tapujos, nos preguntamos:
¿Por qué me separaste de mí
sino para encontrarte a tí
en el brillo propio de tu ser?
como cuando, enamorados,
del otro esperamos que sean
tal cual nosotros lo deseamos.
En la ceguedad del deseo,
cual una imagen que portamos,
descargamos en el otro
nuestras más equívocas apariencias.
Como se separa la tierra
en sísmicos movimientos,
rota la cadena del enamoramiento,
del "no eres como te creía,
pensaba, imaginaba, deseaba",
lánguidos en el vértigo del amor,
del amor sin tapujos, nos preguntamos:
¿Por qué me separaste de mí
sino para encontrarte a tí
en el brillo propio de tu ser?