viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Estoy celoso de mí cuando te miro,
callado y ausente, sin conocerme siquiera.
Sintiendo como mi mano, que ya no es mía,
se inclina a cubrirte y a cerrarte con llave.
Se me hienden mil rabias ardiendo
entre clavos y espinos manchados de hielo.
Como terrores que me traicionan
segando la libertad de nuestros cuerpos.
Casi puedo abarcar tus alas y detenerte,
cerrar tus ojos únicamente con los míos,
sin pensar que la muerte nos vigila
desde que comprendimos su presencia.
Escucho la dulce promesa nocturna,
sugerente en su traje de gala,
con el perfume de sus ávidas estrellas,
que miran celosas de tus ojos el verde.
Aprieta mi mano en tu pecho desnudo,
cabalgan mis dedos por tu piel excitada,
regálame tu sonrisa por unos instantes,
antes de besarme y dibujarme en silencio.
Yo he vencido a la demora
en nuestra turbia cama tibia,
sentado sobre la lujuria calmada
de un gigantesco volcán domado.
Para disfrutar cada caída de tu vestido
con la levedad generosa de tu desnudez.
Casi escondido en el crepúsculo inventado
por una lamparilla chivata de azul.
Ven a bañarte en mi cuerpo escaso,
que es intérprete de tus sentidos.
Y si ves al pasado le dices que vuelva,
que no quiero perderte en mi afán de tenerte.
callado y ausente, sin conocerme siquiera.
Sintiendo como mi mano, que ya no es mía,
se inclina a cubrirte y a cerrarte con llave.
Se me hienden mil rabias ardiendo
entre clavos y espinos manchados de hielo.
Como terrores que me traicionan
segando la libertad de nuestros cuerpos.
Casi puedo abarcar tus alas y detenerte,
cerrar tus ojos únicamente con los míos,
sin pensar que la muerte nos vigila
desde que comprendimos su presencia.
Escucho la dulce promesa nocturna,
sugerente en su traje de gala,
con el perfume de sus ávidas estrellas,
que miran celosas de tus ojos el verde.
Aprieta mi mano en tu pecho desnudo,
cabalgan mis dedos por tu piel excitada,
regálame tu sonrisa por unos instantes,
antes de besarme y dibujarme en silencio.
Yo he vencido a la demora
en nuestra turbia cama tibia,
sentado sobre la lujuria calmada
de un gigantesco volcán domado.
Para disfrutar cada caída de tu vestido
con la levedad generosa de tu desnudez.
Casi escondido en el crepúsculo inventado
por una lamparilla chivata de azul.
Ven a bañarte en mi cuerpo escaso,
que es intérprete de tus sentidos.
Y si ves al pasado le dices que vuelva,
que no quiero perderte en mi afán de tenerte.