F
Francisco
Invitado
Se despierta con dos certezas: no lloverá ni nos dará alcance un meteorito. Se pone a indagar y obtiene más certezas: no morí mientras dormía, justo después de mi llegada a China, porque fue todo un sueño. También sabe que hoy morirán un buen puñado de niños, que se dispararán unos cuantos kilos de pólvora, que se derramará gran cantidad de sangre y otro tanto de lágrimas. Pero también sabe, es una certeza, que se ejercitarán los músculos cigomático mayor y risorio, se contraerán infinidad de veces y elevarán las comisuras de los labios, y a las mejillas las harán hincharse. Sabe que los músculos frontal y superciliar van a trabajar duro: tendrán que arrugar la frente y elevar las cejas cada vez que alguien se ría, sacudidos los diafragmas violentamente provocando inspiraciones profundas y expiraciones entrecortadas.
Sabe que habrá dolores de parto, dolores de amor, dolores de vida. Sabe que en los parques habrá quien al sol converse e invoque la llegada de la primavera, que ya los pájaros entonan sus melodías enamoradas.
Sabe que da lo mismo preocuparse. Que la vida sigue.
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Sabe que habrá dolores de parto, dolores de amor, dolores de vida. Sabe que en los parques habrá quien al sol converse e invoque la llegada de la primavera, que ya los pájaros entonan sus melodías enamoradas.
Sabe que da lo mismo preocuparse. Que la vida sigue.
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