Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Las épocas de acero
son también inoxidables,
tienen forma de templo forjado,
y deseos de hundirse en sangre,
de desatar torniquetes,
de mentir erigiendo la piedra,
bajo arcos y bóvedas definen su estilo,
como el hombre en busca de reconocimiento.
Las edades del fuego se atornillan
en la nuca del humo,
debaten estructuras,
fantasmas y osciloscopios,
símbolos que el afán no consigue descifrar,
y son muy similares a la escritura automática,
mientras los cuerpos se desnudan,
las cenizas se consumen,
unos salen y otros entran
a la serpiente que duerme en los relojes,
amoratada,
en un tiempo pasivo.
Hay instantes que se cobran el polvo,
no limpian, ni aspiran ni espolvorean
el agua del rocío; lo tutelan,
regulan la vida de la hierba.
Merecer es igual que mantener la fé,
incluso la ilusión,
cuando el silencio de las abejas desaloja la flor.
Con las palabras del destino se puede levantar un imperio,
un sustituto del amor,
apoderarse de la carne.
El momento de la poesía ha llegado,
El momento de la ilusión se agota.
El amor y la vida nacieron por cesárea.
Estamos aún en la Edad de Piedra.
son también inoxidables,
tienen forma de templo forjado,
y deseos de hundirse en sangre,
de desatar torniquetes,
de mentir erigiendo la piedra,
bajo arcos y bóvedas definen su estilo,
como el hombre en busca de reconocimiento.
Las edades del fuego se atornillan
en la nuca del humo,
debaten estructuras,
fantasmas y osciloscopios,
símbolos que el afán no consigue descifrar,
y son muy similares a la escritura automática,
mientras los cuerpos se desnudan,
las cenizas se consumen,
unos salen y otros entran
a la serpiente que duerme en los relojes,
amoratada,
en un tiempo pasivo.
Hay instantes que se cobran el polvo,
no limpian, ni aspiran ni espolvorean
el agua del rocío; lo tutelan,
regulan la vida de la hierba.
Merecer es igual que mantener la fé,
incluso la ilusión,
cuando el silencio de las abejas desaloja la flor.
Con las palabras del destino se puede levantar un imperio,
un sustituto del amor,
apoderarse de la carne.
El momento de la poesía ha llegado,
El momento de la ilusión se agota.
El amor y la vida nacieron por cesárea.
Estamos aún en la Edad de Piedra.