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Charcos tras la lluvia

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CHARCOS TRAS LA LLUVIA
(Premonición de la muerte)


Ya soy la piedra que en su propio ser se disuelve

transida por los livianos vuelos de mariposas doradas.

Ya soy la debilidad de los charcos tras la lluvia

que respiran sin temor los arcoiris, a través de otras piedras

perforadas por la caries del espanto.


Pétreos conjuntos que pudieron ser nubes de ocaso,

agua encharcada, almacén de los suburbios del barro,

dolorosos destinos alterados de aquellos seres que amé.


Se inclina el maniquí sobre el agua como espejo,

se ajusta el viejo morrión robado a un amante y llora.

Sus pequeñas lágrimas, aceitosas de carmín,

son como gotas de sangre que iluminan el charco y sus aledaños.


Mi querido y esbelto maniquí: yo te creé en noches solitarias,

esbelto y querido maniquí, mi obra ausente como si fueses mi alma,

maniquí, retrato mío sobre las aguas fétidas,

es la hora del último tranvía, volvamos a la noche de nuestro común suicidio,

aquella noche -la única- en que la muerte nos hizo uno y felices.


Cómo me afectan ya las veleidades de ciertas miradas de estatuas,

irrisorias en su patética seriedad de generales de plomo.

Las risas; necesito vuestras risas de muñecas de viento lunar,

dejadme que os acune sobre el precipicio horrísono, dejadme,

ya que no puedo pasearme entre los fláccidos pedestales que os adornan.


Las risas arrancadas entre mis dientes podridos y sin destellos,

aquellas que os entregué mientras sonaba la marcha nupcial

de los faunos y sus ninfas en los jardines secretos de Etiopía,

devolvedme mis risas y sus ecos sincopados.


Muñecas, pronto seréis maniquíes esbeltos, mi harén definitivo

y, pacientes, recogeréis mis virilidades dispersas por el letal siroco

como simientes ineficaces de nuevos poemas, fuegos fatuos sin cadáver .

Mi rostro, junto al vuestro, adornará los fondos de los charcos tras la lluvia.




vida-obra-artista-polaco-Zdzislaw-Beksinski-fb__700.jpg




Ilust.: S/T.- Zdzislaw Beksinski.
 
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CHARCOS TRAS LA LLUVIA
(Premonición de la muerte)


Ya soy la piedra que en su propio ser se disuelve

transida por los livianos vuelos de mariposas doradas.

Ya soy la debilidad de los charcos tras la lluvia

que respiran sin temor los arcoiris, a través de otras piedras

perforadas por la caries del espanto.


Pétreos conjuntos que pudieron ser nubes de ocaso,

agua encharcada, almacén de los suburbios del barro,

dolorosos destinos alterados de aquellos seres que amé.


Se inclina el maniquí sobre el agua como espejo,

se ajusta el viejo morrión robado a un amante y llora.

Sus pequeñas lágrimas, aceitosas de carmín,

son como gotas de sangre que iluminan el charco y sus aledaños.


Mi querido y esbelto maniquí: yo te creé en noches solitarias,

esbelto y querido maniquí, mi obra ausente como si fueses mi alma,

maniquí, retrato mío sobre las aguas fétidas,

es la hora del último tranvía, volvamos a la noche de nuestro común suicidio,

aquella noche -la única- en que la muerte nos hizo uno y felices.


Cómo me afectan ya las veleidades de ciertas miradas de estatuas,

irrisorias en su patética seriedad de generales de plomo.

Las risas; necesito vuestras risas de muñecas de viento lunar,

dejadme que os acune sobre el precipicio horrísono, dejadme,

ya que no puedo pasearme entre los fláccidos pedestales que os adornan.


Las risas arrancadas entre mis dientes podridos y sin destellos,

aquellas que os entregué mientras sonaba la marcha nupcial

de los faunos y sus ninfas en los jardines secretos de Etiopía,

devolvedme mis risas y sus ecos sincopados.


Muñecas, pronto seréis maniquíes esbeltos, mi harén definitivo

y, pacientes, recogeréis mis virilidades dispersas por el letal siroco

como simientes ineficaces de nuevos poemas, fuegos fatuos sin cadáver .

Mi rostro, junto al vuestro, adornará los fondos de los charcos tras la lluvia.




vida-obra-artista-polaco-Zdzislaw-Beksinski-fb__700.jpg




Ilust.: S/T.- Zdzislaw Beksinski.


Desgarrados sentires magistralmente expresados... siempre enriquecedor pasar por tu obra, querido amigo Miguel... gran manejo de las metáforas y las palabras. Me quito el sombreo amigo, un abrazo, que te vaya todo muy bien.
 
CHARCOS TRAS LA LLUVIA
(Premonición de la muerte)


Ya soy la piedra que en su propio ser se disuelve

transida por los livianos vuelos de mariposas doradas.

Ya soy la debilidad de los charcos tras la lluvia

que respiran sin temor los arcoiris, a través de otras piedras

perforadas por la caries del espanto.


Pétreos conjuntos que pudieron ser nubes de ocaso,

agua encharcada, almacén de los suburbios del barro,

dolorosos destinos alterados de aquellos seres que amé.


Se inclina el maniquí sobre el agua como espejo,

se ajusta el viejo morrión robado a un amante y llora.

Sus pequeñas lágrimas, aceitosas de carmín,

son como gotas de sangre que iluminan el charco y sus aledaños.


Mi querido y esbelto maniquí: yo te creé en noches solitarias,

esbelto y querido maniquí, mi obra ausente como si fueses mi alma,

maniquí, retrato mío sobre las aguas fétidas,

es la hora del último tranvía, volvamos a la noche de nuestro común suicidio,

aquella noche -la única- en que la muerte nos hizo uno y felices.


Cómo me afectan ya las veleidades de ciertas miradas de estatuas,

irrisorias en su patética seriedad de generales de plomo.

Las risas; necesito vuestras risas de muñecas de viento lunar,

dejadme que os acune sobre el precipicio horrísono, dejadme,

ya que no puedo pasearme entre los fláccidos pedestales que os adornan.


Las risas arrancadas entre mis dientes podridos y sin destellos,

aquellas que os entregué mientras sonaba la marcha nupcial

de los faunos y sus ninfas en los jardines secretos de Etiopía,

devolvedme mis risas y sus ecos sincopados.


Muñecas, pronto seréis maniquíes esbeltos, mi harén definitivo

y, pacientes, recogeréis mis virilidades dispersas por el letal siroco

como simientes ineficaces de nuevos poemas, fuegos fatuos sin cadáver .

Mi rostro, junto al vuestro, adornará los fondos de los charcos tras la lluvia.




vida-obra-artista-polaco-Zdzislaw-Beksinski-fb__700.jpg




Ilust.: S/T.- Zdzislaw Beksinski.
Belleza tétrica y espeluznante, recorren los poros de mi piel. Me gusta la sordidez del poema que entraña una pasión ciega por lo amado y que se lleva uno al más allá. La vuelta de la esquina. La vida se hace corta cuando se vive. Me ha gustado mucho y te felicito por tu inspiración . Las imágenes aparte de las que me inspiran tu poema, también. Un fuerte abrazo.
 
Bienvenidas tus amables palabras, TribuZen. Creo que mis versos (nuestros versos) son producto de la interacción de estímulos que su lectura nos produce, salvando, claro está, la originalidad con la que cada uno de nosotros los carga de inspiración. Y los comentarios dejan ese poso de buen gusto que tanto nos satisface. Muchas gracias por ellas, Tribu. Un cordial saludo,
miguel
 
Hola, Birbiloke, estimado compañero. Me agrada mucho tu comentario en el que creo que defines alguna de las razones de mi poetizar, si me es permitido este término. Sordidez, pasión por lo amado, fugacidad de la vida... En pocas palabras has radiografiado lo que podría ser mi ideario. Aunque, a veces, he escrito poemas de humor (y de amor.) Muchas gracias por tu visita y siempre tendrás mi beneplácito a tus palabras.
miguel
 
CHARCOS TRAS LA LLUVIA
(Premonición de la muerte)


Ya soy la piedra que en su propio ser se disuelve

transida por los livianos vuelos de mariposas doradas.

Ya soy la debilidad de los charcos tras la lluvia

que respiran sin temor los arcoiris, a través de otras piedras

perforadas por la caries del espanto.


Pétreos conjuntos que pudieron ser nubes de ocaso,

agua encharcada, almacén de los suburbios del barro,

dolorosos destinos alterados de aquellos seres que amé.


Se inclina el maniquí sobre el agua como espejo,

se ajusta el viejo morrión robado a un amante y llora.

Sus pequeñas lágrimas, aceitosas de carmín,

son como gotas de sangre que iluminan el charco y sus aledaños.


Mi querido y esbelto maniquí: yo te creé en noches solitarias,

esbelto y querido maniquí, mi obra ausente como si fueses mi alma,

maniquí, retrato mío sobre las aguas fétidas,

es la hora del último tranvía, volvamos a la noche de nuestro común suicidio,

aquella noche -la única- en que la muerte nos hizo uno y felices.


Cómo me afectan ya las veleidades de ciertas miradas de estatuas,

irrisorias en su patética seriedad de generales de plomo.

Las risas; necesito vuestras risas de muñecas de viento lunar,

dejadme que os acune sobre el precipicio horrísono, dejadme,

ya que no puedo pasearme entre los fláccidos pedestales que os adornan.


Las risas arrancadas entre mis dientes podridos y sin destellos,

aquellas que os entregué mientras sonaba la marcha nupcial

de los faunos y sus ninfas en los jardines secretos de Etiopía,

devolvedme mis risas y sus ecos sincopados.


Muñecas, pronto seréis maniquíes esbeltos, mi harén definitivo

y, pacientes, recogeréis mis virilidades dispersas por el letal siroco

como simientes ineficaces de nuevos poemas, fuegos fatuos sin cadáver .

Mi rostro, junto al vuestro, adornará los fondos de los charcos tras la lluvia.




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Ilust.: S/T.- Zdzislaw Beksinski.
Ocasos petrificados en ese temporal donde las raices de lo fecundo pendulan en un temporal
desconstruido y donde las sensaciones dejan contemplaciones, diriamos que esa pasion por
la vida que se contempla desde la fugacidad de la vida. bellissimo. saludos amables de luzyabsenta
 
CHARCOS TRAS LA LLUVIA
(Premonición de la muerte)


Ya soy la piedra que en su propio ser se disuelve

transida por los livianos vuelos de mariposas doradas.

Ya soy la debilidad de los charcos tras la lluvia

que respiran sin temor los arcoiris, a través de otras piedras

perforadas por la caries del espanto.


Pétreos conjuntos que pudieron ser nubes de ocaso,

agua encharcada, almacén de los suburbios del barro,

dolorosos destinos alterados de aquellos seres que amé.


Se inclina el maniquí sobre el agua como espejo,

se ajusta el viejo morrión robado a un amante y llora.

Sus pequeñas lágrimas, aceitosas de carmín,

son como gotas de sangre que iluminan el charco y sus aledaños.


Mi querido y esbelto maniquí: yo te creé en noches solitarias,

esbelto y querido maniquí, mi obra ausente como si fueses mi alma,

maniquí, retrato mío sobre las aguas fétidas,

es la hora del último tranvía, volvamos a la noche de nuestro común suicidio,

aquella noche -la única- en que la muerte nos hizo uno y felices.


Cómo me afectan ya las veleidades de ciertas miradas de estatuas,

irrisorias en su patética seriedad de generales de plomo.

Las risas; necesito vuestras risas de muñecas de viento lunar,

dejadme que os acune sobre el precipicio horrísono, dejadme,

ya que no puedo pasearme entre los fláccidos pedestales que os adornan.


Las risas arrancadas entre mis dientes podridos y sin destellos,

aquellas que os entregué mientras sonaba la marcha nupcial

de los faunos y sus ninfas en los jardines secretos de Etiopía,

devolvedme mis risas y sus ecos sincopados.


Muñecas, pronto seréis maniquíes esbeltos, mi harén definitivo

y, pacientes, recogeréis mis virilidades dispersas por el letal siroco

como simientes ineficaces de nuevos poemas, fuegos fatuos sin cadáver .

Mi rostro, junto al vuestro, adornará los fondos de los charcos tras la lluvia.




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Ilust.: S/T.- Zdzislaw Beksinski.
Es que somos un saco de hule que camina en un mundo seco y se arrastra en pedestales vacíos.
Me gustó mucho este poema. Te dejo mis aplausos. Saludos con todo mi respeto
 
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