Nommo
Poeta veterano en el portal
Él iba por la calle, bastante limpio y elegante.
Ella adoraba los guisantes hervidos.
Los unió la vida misma.
Altruismo. Generosidad. Misericordia.
Se besaron, bajo la Luna. Dentro de sus abrigos. Donde los sentimientos íntimos y profundos.
Ahora, se han multiplicado.
Han formado una familia. Hogar, dulce hogar, y el colegio, con su patio, lleno de niños.
Todavía hacen el amor, de vez en cuándo.
Reservándose para la medianoche, con fuerzas justas, porque cada nuevo día es un derroche.
Ella le ha educado. Le ha enseñado a coser y cantar. Él muchas cosas le ha consentido.
Pasan los años...
Los lustros, ¡ Las décadas !
Pasan los siglos, ilustres, en las enciclopedias y en los diccionarios.
Y los milenios, en los museos de las grandes ciudades.
Los momentos, en las discotecas y en los conservatorios de música clásica.
Y yo...
La miro.
Y ella no...
Me dice nada.
Ella adoraba los guisantes hervidos.
Los unió la vida misma.
Altruismo. Generosidad. Misericordia.
Se besaron, bajo la Luna. Dentro de sus abrigos. Donde los sentimientos íntimos y profundos.
Ahora, se han multiplicado.
Han formado una familia. Hogar, dulce hogar, y el colegio, con su patio, lleno de niños.
Todavía hacen el amor, de vez en cuándo.
Reservándose para la medianoche, con fuerzas justas, porque cada nuevo día es un derroche.
Ella le ha educado. Le ha enseñado a coser y cantar. Él muchas cosas le ha consentido.
Pasan los años...
Los lustros, ¡ Las décadas !
Pasan los siglos, ilustres, en las enciclopedias y en los diccionarios.
Y los milenios, en los museos de las grandes ciudades.
Los momentos, en las discotecas y en los conservatorios de música clásica.
Y yo...
La miro.
Y ella no...
Me dice nada.
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