duf9991
Poeta adicto al portal
Llegaste.
Como un pájaro.
Yo estaba en mi salmo veintitrés,
sobre oscuros valles,
sin guía o compañía
más que mi dolor.
Llegaste.
Sin que yo quisiera.
De la nada.
Como un pájaro.
Yo estaba en mi salmo veintitrés,
sobre oscuros valles,
sin guía o compañía
más que mi dolor.
Llegaste.
Sin que yo quisiera.
De la nada.
Me consumí en tu vida Quijotesca,
viajé contigo por un río de mandarinas,
bajo un cielo de mermeladas,
a lo lejos una música pegadiza.
Pasé por campos de fresas
me quedé ahí por siempre
tus labios sabían a fresas.
viajé contigo por un río de mandarinas,
bajo un cielo de mermeladas,
a lo lejos una música pegadiza.
Pasé por campos de fresas
me quedé ahí por siempre
tus labios sabían a fresas.
¡Oh! Mi Ariadna
mi musa con tu hilo mágico
guiabas mis pasos
yo como un perrito
solitario olía tu carne joven,
muy joven. ¡Muy joven!
mi musa con tu hilo mágico
guiabas mis pasos
yo como un perrito
solitario olía tu carne joven,
muy joven. ¡Muy joven!
Imagínate un lugar
en el que la tierra seca
sea labios húmedos,
que los valles sean los surcos
de tu boca y el cielo
sea el cielo de tu boca,
y la lluvia sea la saliva de tu boca
que me moja.
¿Quién saldría de ahí? De tu carne joven,
muy joven. ¡Muy joven!
en el que la tierra seca
sea labios húmedos,
que los valles sean los surcos
de tu boca y el cielo
sea el cielo de tu boca,
y la lluvia sea la saliva de tu boca
que me moja.
¿Quién saldría de ahí? De tu carne joven,
muy joven. ¡Muy joven!
¿Qué hilo era ese Ariadna,
que me perdiste en tu laberinto?
Eras la chica con ojos de caleidoscopio
que desaparecía sin decirlo
y como una babosa dejabas tu rastro
para que te siguiera.
Flotaba yo en estrellas terrenales
vivía yo un sueño surrealista,
caminando por las praderas de las sábanas,
sintiendo el tacto del colchón sobre mi oreja,
con caprichos en un mundo virtual,
los códigos binarios flotando en nuestras nucas,
en tu nuca que besaba yo,
en tu carne joven,
muy joven. ¡Muy joven!
que me perdiste en tu laberinto?
Eras la chica con ojos de caleidoscopio
que desaparecía sin decirlo
y como una babosa dejabas tu rastro
para que te siguiera.
Flotaba yo en estrellas terrenales
vivía yo un sueño surrealista,
caminando por las praderas de las sábanas,
sintiendo el tacto del colchón sobre mi oreja,
con caprichos en un mundo virtual,
los códigos binarios flotando en nuestras nucas,
en tu nuca que besaba yo,
en tu carne joven,
muy joven. ¡Muy joven!
Loco.
Loco. Ese era el mundo, del que la aspiradora
mágica de tu reflejo me fue sacando,
tu reflejo, aquel que me decía verdades inaceptables
¡Pero que yo aceptaba!
Loco. Ese era el mundo, del que la aspiradora
mágica de tu reflejo me fue sacando,
tu reflejo, aquel que me decía verdades inaceptables
¡Pero que yo aceptaba!
Loco. En un arcoiris de sensaciones,
con espectros de luz infinitos,
con fotones indescriptibles de pasión,
con antimateria de amor y oliendo
nada más que el aroma de tu sonrisa,
viendo nada más que tu carne joven,
muy joven. ¡Muy joven!
con espectros de luz infinitos,
con fotones indescriptibles de pasión,
con antimateria de amor y oliendo
nada más que el aroma de tu sonrisa,
viendo nada más que tu carne joven,
muy joven. ¡Muy joven!
Solo escuchaba el retumbo de mi desde antes
muerto corazón bajo las escaleras.
Y ahí supe que estaba vivo.
¡Estaba vivo! Y me volví loco.
¡Loco! Tus ojos me hicieron desfallecer,
me hicieron confesar mi crimen suicida,
y como papeles antiguos cuentan,
tuve que matarte. Matar tu amor. Matarte.
muerto corazón bajo las escaleras.
Y ahí supe que estaba vivo.
¡Estaba vivo! Y me volví loco.
¡Loco! Tus ojos me hicieron desfallecer,
me hicieron confesar mi crimen suicida,
y como papeles antiguos cuentan,
tuve que matarte. Matar tu amor. Matarte.
Mas me mimó tu mirada matadora,
moraba yo mestizado con tu morbosidad,
miraba yo tus mejillas melosas, melindrosas
que mecían mis vientos mansos.
moraba yo mestizado con tu morbosidad,
miraba yo tus mejillas melosas, melindrosas
que mecían mis vientos mansos.
Bajé por la vasta llanura. Basta.
Vislumbré tus visiones locas,
besé tus besos, caminé con los pies
en el aire, y caí.
Vislumbré tus visiones locas,
besé tus besos, caminé con los pies
en el aire, y caí.
Caí, caí, caí. El viento endurecía mi rostro,
y lloré. Lloré porque no podía volver.
Había subido por la planta de frijol
subí al cielo
y no bajé jamás y en una esquina
vi a la niña (de los ojos de caleidoscopio),
y lloré, y reí, y exploté, y morí, y viví,
y perecí y perecí Yo. Joven. ¡Muy joven!
y lloré. Lloré porque no podía volver.
Había subido por la planta de frijol
subí al cielo
y no bajé jamás y en una esquina
vi a la niña (de los ojos de caleidoscopio),
y lloré, y reí, y exploté, y morí, y viví,
y perecí y perecí Yo. Joven. ¡Muy joven!