La Sexorcisto
Lluna V. L.
Así es colisionar con algo efímero que se retuerce hacia dentro,
como la carcasa de una langosta.
Pero esto es duro, metálico y perturba
La condena que se aferra a la carne que me sobra
al estirarse hacia delante en volutas gelatinosas.
Eso era antes del sonido: scrash.
Los cristales vuelan a trocitos como una nevada.
Luego, flotan hojas de almendro florido
sobre un campo amarillento de memorial.
Y cerca hay cruces.
Quizás cuervos.
Pero no lo sé, creo que imagino graznidos.
Así que me toca estar tirada en la cuneta,
como mujer de arena otra vez.
Le doy palmadas en el hombro al muñeco de ensayo para energías cinéticas
que se parece al melancólico Kurt Cobain.
Un destello rápido, un proyectil en cámara lenta.
Trozos de trapos y fibras me salpican.
Y suena: splash.
El coche chirría.
Es negro.
Parece una caja.
Lo conducen un luchador de lucha libre enmascarado
y otro tipo con una careta cadavérica.
Hago autoestop.
El vehículo se detiene.
Baja Federico García-Lorca,
No tardo en ver en pocas secuencias,
una bala con trayectoria parabólica
atravesar carne y hueso.
Cortes de la secuencia se desvelan una y otra vez:
hacia atrás y hacia delante, masturbadoramente.
Ellos dirían: ¡amén!
Y yo escupiría: ¡mierda!
como la carcasa de una langosta.
Pero esto es duro, metálico y perturba
La condena que se aferra a la carne que me sobra
al estirarse hacia delante en volutas gelatinosas.
Eso era antes del sonido: scrash.
Los cristales vuelan a trocitos como una nevada.
Luego, flotan hojas de almendro florido
sobre un campo amarillento de memorial.
Y cerca hay cruces.
Quizás cuervos.
Pero no lo sé, creo que imagino graznidos.
Así que me toca estar tirada en la cuneta,
como mujer de arena otra vez.
Le doy palmadas en el hombro al muñeco de ensayo para energías cinéticas
que se parece al melancólico Kurt Cobain.
Un destello rápido, un proyectil en cámara lenta.
Trozos de trapos y fibras me salpican.
Y suena: splash.
El coche chirría.
Es negro.
Parece una caja.
Lo conducen un luchador de lucha libre enmascarado
y otro tipo con una careta cadavérica.
Hago autoestop.
El vehículo se detiene.
Baja Federico García-Lorca,
No tardo en ver en pocas secuencias,
una bala con trayectoria parabólica
atravesar carne y hueso.
Cortes de la secuencia se desvelan una y otra vez:
hacia atrás y hacia delante, masturbadoramente.
Ellos dirían: ¡amén!
Y yo escupiría: ¡mierda!