Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Qué dulzura, amor mío,
cuando tus labios me dicen que sí,
y el viento, cómplice del eco,
susurra tus promesas al oído.
Es como si el mar se detuviera
a escuchar nuestro suspiro,
y cada ola fuera un latido
del corazón enamorado del cielo.
Tus manos en las mías
son el puente entre dos mundos,
donde el silencio y la risa
se funden en un solo aliento.
Y cuando me dices que sí,
el universo entero parece inclinarse,
como un árbol que se entrega al sol,
como el fuego que arde sin preguntar.
Porque tu "sí" es la música
que embriaga a mis sentidos,
el dulce despertar
de un sueño compartido.
Oh, qué maravilla
cuando me dices que sí,
y el amor, sin medida,
se extiende entre tú y yo,
como un río que no conoce final.
cuando tus labios me dicen que sí,
y el viento, cómplice del eco,
susurra tus promesas al oído.
Es como si el mar se detuviera
a escuchar nuestro suspiro,
y cada ola fuera un latido
del corazón enamorado del cielo.
Tus manos en las mías
son el puente entre dos mundos,
donde el silencio y la risa
se funden en un solo aliento.
Y cuando me dices que sí,
el universo entero parece inclinarse,
como un árbol que se entrega al sol,
como el fuego que arde sin preguntar.
Porque tu "sí" es la música
que embriaga a mis sentidos,
el dulce despertar
de un sueño compartido.
Oh, qué maravilla
cuando me dices que sí,
y el amor, sin medida,
se extiende entre tú y yo,
como un río que no conoce final.