Uno de los errores más comunes es pensar que la inseguridad es por falta de leyes, que la corrupción es por órdenes débiles, y que el irrespeto es por autoridades blandengues... asumen que un líder fuerte, con todos los poderes es la solución, como si un país se manejara igual que una hacienda.
Este ha sido el estigma del caudillismo que rigió la historia sudamericana durante una centuria luego de la independencia (de España y Portugal).
Posteriormente el caudillismo fue transformándose a populismo.
Han sido pocos los gobiernos medianamente progresistas en Sudamérica (y no lo digo en el tono socialista sino en el sentido efectivo de progreso).
Todo ello porque cada nuevo gobierno en lugar de respetar la institución republicana se le ocurre refundar la república... van nuevas constituciones, reformas, aumentos, cambios, anexos, excepciones.
Mientras que los países más avanzados poseen constituciones simples, de pocos artículos y muy claramente definidos, tanto que apenas y han sufrido cambios (enmiendas). En Sudamérica hay países con tantas constituciones como gobiernos.
Y no solo eso, el pueblo piensa que el poder radica en el gobierno, porque durante muchos años se ha visto sometido por el poder político.
Ha sido la coyuntura de políticos que continuamente han mentido al pueblo y mantenido en ignorancia.
Los mayores discursos políticos han sido contra enemigos imaginarios que nunca se presentaron, para tener al pueblo nervioso y siempre mirando a otro lado. O bien los distraían con regalos y fiestas. Mientras vaciaban el dinero del gobierno y se llenaban sus bolsillos.
La mayoría de dictaduras han funcionado así. En época de bonanza, pan y circo. Y en época de carestía guerra contra el enemigo imaginario.
Hay un principio básico en toda ley: la ignorancia no es excusa.
Si la ignorancia de la ley no excusa de su cumplimiento, entonces su enseñanza deberá ser obligatoria.