Gilmar Antonio
Poeta recién llegado
¿Y si no encuentro salida
A esta encrucijada?,
¿Cómo podré escribir
Los próximos versos?
Si tus manos son reliquias
Y tus pecas de cristal,
Si tu casa, un laberinto,
Y tu cabeza un jeroglífico
difícil de descifrar.
¿A quién podré espiarle sus pensamientos,
Si una de todas las despedidas,
Se convierte, por fin en realidad?
Si el astronauta de tu novio,
Se decide a aterrizar,
Y para invocarte,
Habré de mirar planetas
En las noches más mohínas.
¿O es que viajas con el viento?
Y por cada vez que sople,
Su voz soltará alguna de tus risas,
Y sus ráfagas, serán tus: “Te deseo” telepáticos
Que intuya cada invierno.
¿Y si a este poema,
no le calzan las palabras románticas?
¿Qué título le pondríamos
a esta nueva corriente literaria?
O será que no existes,
Y que mi locura fue capaz de imaginarte,
Y que de verdad en un laberinto vives,
Como mi más estrambótico personaje.
Tal vez el hambre que te tengo
Me haga tragar semejante engaño,
Y lo poco y nada que arraigamos
Considerarlo magia de la inefable ciencia ficción.
A esta encrucijada?,
¿Cómo podré escribir
Los próximos versos?
Si tus manos son reliquias
Y tus pecas de cristal,
Si tu casa, un laberinto,
Y tu cabeza un jeroglífico
difícil de descifrar.
¿A quién podré espiarle sus pensamientos,
Si una de todas las despedidas,
Se convierte, por fin en realidad?
Si el astronauta de tu novio,
Se decide a aterrizar,
Y para invocarte,
Habré de mirar planetas
En las noches más mohínas.
¿O es que viajas con el viento?
Y por cada vez que sople,
Su voz soltará alguna de tus risas,
Y sus ráfagas, serán tus: “Te deseo” telepáticos
Que intuya cada invierno.
¿Y si a este poema,
no le calzan las palabras románticas?
¿Qué título le pondríamos
a esta nueva corriente literaria?
O será que no existes,
Y que mi locura fue capaz de imaginarte,
Y que de verdad en un laberinto vives,
Como mi más estrambótico personaje.
Tal vez el hambre que te tengo
Me haga tragar semejante engaño,
Y lo poco y nada que arraigamos
Considerarlo magia de la inefable ciencia ficción.