_SEBASTIEN_
Poeta fiel al portal
De mi mano, juntos, sin tiempo,
de los muertos los jardines recorramos,
vuestra mano hiriente con las crines del viento,
y la mía sangrante, mientras los venenos,
del amor rondando caen penetrantes,
en los pétalos fragantes, tirados en el cielo...
Llévole a un destino siempre hermoso,
siempre confortante, parecido al leteo,
corred por esta especie de muertos Eliseos,
mas sin Paris, con sus paisajes borrosos,
con pomposos enjambres de vagabundos reos,
de la vida, o sólo del deseo.
Caminemos,y ya libres en la muerte,
sera más fácil decirle que le amo,
y sentirle aquí presente,
mientras toca usted mi mano,
sin materia, con caricia silente.
Paseemos, si deseais por la catedral imponente,
sin santos polvorientos, sólo bellos mausoleos,
y lanzad el soliloquio de vuestra elocuencia infante,
sin exordios aberrantes, sin amargos rodeos,
aquel dulce raudal de oscura y deliciosa mente,
y haced amor mío, que oscurescan los cielos,
doblegando al sol con vuestro febril anatema.
De mi mano caminad complaciente,
mientras a millones almas mudas nos escoltan
y muros de cabezas nos contemplan sonrientes,
con rostros blancos y bellos, nos exhortan,
a sonreir de placer en este jardín viviente...
y vacilante en el confín de la muerte.
Caminad amor mío, y ved mis cabellos
volando brillantes, envolviendo su pecho...
y mi rostro perdido en tus siempre bellos,
brazos relajantes, calientes, cual un lecho,
de placer, de calor, de vagos destellos.
de los muertos los jardines recorramos,
vuestra mano hiriente con las crines del viento,
y la mía sangrante, mientras los venenos,
del amor rondando caen penetrantes,
en los pétalos fragantes, tirados en el cielo...
Llévole a un destino siempre hermoso,
siempre confortante, parecido al leteo,
corred por esta especie de muertos Eliseos,
mas sin Paris, con sus paisajes borrosos,
con pomposos enjambres de vagabundos reos,
de la vida, o sólo del deseo.
Caminemos,y ya libres en la muerte,
sera más fácil decirle que le amo,
y sentirle aquí presente,
mientras toca usted mi mano,
sin materia, con caricia silente.
Paseemos, si deseais por la catedral imponente,
sin santos polvorientos, sólo bellos mausoleos,
y lanzad el soliloquio de vuestra elocuencia infante,
sin exordios aberrantes, sin amargos rodeos,
aquel dulce raudal de oscura y deliciosa mente,
y haced amor mío, que oscurescan los cielos,
doblegando al sol con vuestro febril anatema.
De mi mano caminad complaciente,
mientras a millones almas mudas nos escoltan
y muros de cabezas nos contemplan sonrientes,
con rostros blancos y bellos, nos exhortan,
a sonreir de placer en este jardín viviente...
y vacilante en el confín de la muerte.
Caminad amor mío, y ved mis cabellos
volando brillantes, envolviendo su pecho...
y mi rostro perdido en tus siempre bellos,
brazos relajantes, calientes, cual un lecho,
de placer, de calor, de vagos destellos.