“Este es un sucedáneo del borrador de veletas de la paciencia, que arriman la sombra del vigor; el original anda perdido entre un millón de campanas.”
Regresarás minúsculo de cada manto…
de los refugios musicales junto al río,
guarecidos y somnolientos…
con los prestados esqueletos de las humedades;
por la jungla de sus colores condensados…
con el sentir de sus dedos,
donde bailan las sombras del tabaco,
el brillo de los licores;
la luminosidad de las aves desenfadadas…
torrenciales resguardos
de nuestros extraños circos de las horas café,
en la ciudad de fondos cartón…
por los motines del salón de enredaderas,
por cada aguijón de nuestros dibujos.
Los caminos tras los espejos con estómagos para submarinos;
los jardines de los arcanos,
los poros azules del surtidor de bolígrafos….
Con los engranajes de un ajedrez ausente;
calderas que os deciden; que inspiran en un garabato infinito.
Del puente de cerámica sobre las nebulosas;
acordes del ying, acordes del yang,
hasta nuestras reuniones en los torbellinos de las caracolas.
Tras cada sonrisa en los ratos peores;
por los diales del espíritu, los veranos encienden…
cual esperanzas de trigales ocultos;
cual rotación de la parte justa...
cual la reina de nuestros consuelos…
su portal entre puertos que amarillean,
los oleajes de un sueño que construimos con besos.
Regresarás minúsculo de cada manto…
de los refugios musicales junto al río,
guarecidos y somnolientos…
con los prestados esqueletos de las humedades;
por la jungla de sus colores condensados…
con el sentir de sus dedos,
donde bailan las sombras del tabaco,
el brillo de los licores;
la luminosidad de las aves desenfadadas…
torrenciales resguardos
de nuestros extraños circos de las horas café,
en la ciudad de fondos cartón…
por los motines del salón de enredaderas,
por cada aguijón de nuestros dibujos.
Los caminos tras los espejos con estómagos para submarinos;
los jardines de los arcanos,
los poros azules del surtidor de bolígrafos….
Con los engranajes de un ajedrez ausente;
calderas que os deciden; que inspiran en un garabato infinito.
Del puente de cerámica sobre las nebulosas;
acordes del ying, acordes del yang,
hasta nuestras reuniones en los torbellinos de las caracolas.
Tras cada sonrisa en los ratos peores;
por los diales del espíritu, los veranos encienden…
cual esperanzas de trigales ocultos;
cual rotación de la parte justa...
cual la reina de nuestros consuelos…
su portal entre puertos que amarillean,
los oleajes de un sueño que construimos con besos.