zahorí
Poeta recién llegado
CLARIVIDENCIA
Hay una noche sin edad,
apenas con silencio,
obsesionada en ocupar mi véspero.
Desde niño ha jugado a sorprenderme.
Cubre las distancias, les quita tiempo
y suele algodonarse en el resplandor triste de las gotas.
Es noche anacrónica
que se lanza sin paracaídas
desde el orificio de los atardeceres.
La noche de mi nacimiento
tendrá el mismo aliento, curioso, el día de mi muerte.
Se dejará deslizar por la vértebra del trueno
hasta el tinte vespertino de mis vestigiales ojos.
Será la misma noche con su insomne taumaturgia de insectos
y yo la sentiré quizá con la misma zozobra,
buscando catacumba,
escondiendo el rostro para no ser sombra.
Hay una noche sin edad,
apenas con silencio,
obsesionada en ocupar mi véspero.
Desde niño ha jugado a sorprenderme.
Cubre las distancias, les quita tiempo
y suele algodonarse en el resplandor triste de las gotas.
Es noche anacrónica
que se lanza sin paracaídas
desde el orificio de los atardeceres.
La noche de mi nacimiento
tendrá el mismo aliento, curioso, el día de mi muerte.
Se dejará deslizar por la vértebra del trueno
hasta el tinte vespertino de mis vestigiales ojos.
Será la misma noche con su insomne taumaturgia de insectos
y yo la sentiré quizá con la misma zozobra,
buscando catacumba,
escondiendo el rostro para no ser sombra.