pablomar
Poeta asiduo al portal
La tarde se transforma en noche
y los últimos minutos,
dejan su estela de tiempo,
frente a las esquinas perennes
de aquella casa de antaño.
Observo como bate el viento otoñal,
sobre la claroscura sombra,
de la majestuosa puerta de madera y bronce,
la escarcha que deja a su paso,
cada pensamiento.
Mientras las fases continuas,
de emanaciones vocales,
se dejan traer con el aura disfrazadas de brisa,
blandiendo sollozos, quejidos y nombres,
hechas preguntas.
Al final de la jornada,
se esboza sobre la tierra,
una tenue frase de exclamación dejada en olvido,
por alguien que supo lo que era amar,
alguna vez.
Y vuelvo a cerrar a contramano,
la ventana de mil horizontes,
mientras un suspiro,
retumba en el fondo del corazón,
dejando para mañana un pedazo de aquel gran amor.
Pablomar
y los últimos minutos,
dejan su estela de tiempo,
frente a las esquinas perennes
de aquella casa de antaño.
Observo como bate el viento otoñal,
sobre la claroscura sombra,
de la majestuosa puerta de madera y bronce,
la escarcha que deja a su paso,
cada pensamiento.
Mientras las fases continuas,
de emanaciones vocales,
se dejan traer con el aura disfrazadas de brisa,
blandiendo sollozos, quejidos y nombres,
hechas preguntas.
Al final de la jornada,
se esboza sobre la tierra,
una tenue frase de exclamación dejada en olvido,
por alguien que supo lo que era amar,
alguna vez.
Y vuelvo a cerrar a contramano,
la ventana de mil horizontes,
mientras un suspiro,
retumba en el fondo del corazón,
dejando para mañana un pedazo de aquel gran amor.
Pablomar