Codiciada.

Nommo

Poeta veterano en el portal
Me interesaba seguir sus huellas, en el sendero evolutivo.
Era una estrella codiciada por sus perfumes y composiciones musicales conmovedoras y atrevidas.
Investigué en su Pasado turbulento, de avaricias y escondites permanentes.
La mansión en que fue criada, retirada del mundanal ruido, como un convento, estaba a la venta.


Me situé en esa casa solariega, y me entretuve podando setos de cipreses, en su jardín.


También toqué el piano, situado en el salón, y me instalé en una habitación de tamaño medio.
Con mi lupa, distinguía cada mancha que mi ídolo había producido por su tacto angélico.
Hasta que llegué a sus labios, y a su rostro, y a sus hermosos pechos florecidos.
En aquel trance, yo era solamente un fantasma llamado Cásper, como de veinte años de edad.


Ella me abrazó y me convirtió en almohada sobre la que reposó su cabeza, mientras dormía.




Materializándome en un objeto terrenal, me quitó de la mente la idea de hacerla prisionera de mis alabanzas.
Así que ya no la situaría en un pedestal, como santa de mi devoción,
sino que la ignoraría.
De igual a igual y frente a frente, pues, desde entonces, nos tratamos, sin titubeos.


Ya, no tiemblo, cuando la veo. Ahora, sí, somos compañeros o amigos.
 
Última edición:
Tenés dotes de cuentista, me gustó mucho el final, fue justo.
Saludos, Nommo.
 
Gracias, amiga.
Este sentimiento siempre me ha acompañado.
La reverencia.
Pero últimamente, ya conozco mejor a la mujer.


Y pienso...


¿ De verdad vale la pena ponerla en un pedestal, para convertirla en mi ídolo ?
 

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