Juan Cordero
DARKOF
Intermitente y coqueta,
suave dulzura suave ternura,
belleza de ojos incomparables como las aves,
belleza pura inmejorable.
Tú suave piel tersa y destellante,
callada y serena,
llegando a sortearme.
Inteligencia inaudita,
que precede sin más ventura,
eterna mía,
de la luz y la penumbra.
Tranquilidad complaciente,
como mí claro de luna,
la decisión permanente,
la calidad y la censura.
Eternos cantos callados,
eternos sin más descanso.
Conciencia la tuya y mía,
decencia sin más ninguna.
Desojando reprimiendo,
lo efímero lo incorrecto.
Estrella lejana tan lejana como el firmamento,
estrella cercana tan cercana como el viento.
Iniciativa en lo concreto,
en lo verídico en lo completo,
en lo ilimitado,
en lo concurrido.
Sin decirme nada diciéndome todo,
cada día pasado cada ayer sin fondo.
Deleite en cada sonrisa,
dejando mostrar tus rojos labios,
pétalos de flores renacientes,
rayos de luz inseparables