Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Efluvios de ansiedad, aquellos ojos,
hacían absorber a sus pupilas;
cada mañana aquella misma esquina
era sitio de lúbricos sonrojos.
Se sentía ella, cual ninfa en pleno acoso,
por fauno taciturno que la mira
y no obstante sus ojos siempre esquiva
si enfrentan, estos, su mirar fogoso.
Y por eso, quizás, ella se atreve
a volver más intenso el sutil juego;
y pasando su mano por el pelo
sonríe y sus pupilas más embebe
en aquel mirar, tímido y obsceno,
cuyo fuego, de pronto, ya no teme.
hacían absorber a sus pupilas;
cada mañana aquella misma esquina
era sitio de lúbricos sonrojos.
Se sentía ella, cual ninfa en pleno acoso,
por fauno taciturno que la mira
y no obstante sus ojos siempre esquiva
si enfrentan, estos, su mirar fogoso.
Y por eso, quizás, ella se atreve
a volver más intenso el sutil juego;
y pasando su mano por el pelo
sonríe y sus pupilas más embebe
en aquel mirar, tímido y obsceno,
cuyo fuego, de pronto, ya no teme.
Última edición: